Cartas al director: La mañana del 24 de mayo

Josan, Asociación de Antiguos Alumnos Salesianos

A primera hora de la mañana del día 24 de Mayo el frescor primaveral te despierta, quieras que no, cuando vas a los Salesianos. Aunque el día ya presagie el verano y el sol caiga con fuerza a la tarde, por la mañana la chaqueta es necesaria.

Las puertas de la Iglesia de María Auxiliadora y del patio del Colegio salesiano se abren a las siete menos cuarto. La gente, que ya espera, va entrando en silencio. Los primeros que llegan se llevan la sorpresa de que en el patio y en la Iglesia ya hay gente. Ya andan José Mari, el Ruso y Carlos instalando la batería de las luces de la corona de la Virgen. Un grupo de chavales y algunas mujeres están acaban- do de poner los últimos detalles en la peana de la Virgen. La masa de gente que va entrando le arrastra a uno hasta el patio; allí la gente, en silencio, y como recordando un viejo ritual, va poniéndose en una larga fila en grupos de cuatro personas... La gente se va uniendo... sigue llegando personal. Al final, da la sensación de que la cabeza de la fila va a juntarse con la cola. Hay hombres, mujeres, niños... y jóvenes, muchos jóvenes. A través de los altavoces, un salesiano empieza a rezar el primer misterio de Rosario, de ese Rosario de la Aurora con el que empieza el día de María Auxiliadora.

Cada mañana del 24 de Mayo contemplo emocionado ese acto hermosísimo en el que más de mil personas se unen en silencio para rezar y caminar tras Maria Auxiliadora. Es, pienso, una parábola sencilla y plástica de lo que tiene que ser nuestra Asociación, un grupo de gente que caminan juntos, en la misma dirección, unidos, sin diferencias de edades, ni de clases, ni de ideologías, teniendo como referencia a María Auxiliadora como modelo, madre, maestra que nos da a su hijo Jesús, el fruto de sus entrañas, el fruto de Dios.

Cada mañana del 24 de Mayo tengo presentes a los M.M. que ya están en el cielo y estarán rezando las Ave Marías, piropeando a la Virgen junto a Jesucristo, su hijo, alladito de don Bosco y de la gente de Huesca que esa mañana están también en nuestro patio.

Y, casi sin quererlo, le pido a la Virgen por todos los que están en el patio, por sus familias, por los que no pueden venir por enfermedad o por la edad y seguirán el rosario desde su casa.

Y cada mañana, en ese 24 de Mayo, en ese lugar santo para las Casa Salesianas que es el patio, donde siempre hay vida y risa de chavales, le doy gracias a Maria Auxiliadora por los jóvenes, por los chavales que a lo largo del año pisan ese patio entre bullicio y tras un balón; y mientras las ave marías se van desgranado le expreso a la Virgen mis deseos... deseo los jóvenes sigan Jesús, que participen habitual- mente de la Eucaristía, que profundicen en su fe, que sean buenos y nobles, pacíficos y generosos... y le expreso mi deseo de que esos chavales que a esa hora están en el rosario, sean la semilla, en esta Iglesia nuestra, tan mayor y tan seria, de una Comunidad alegre, abierta y acogedora donde los jóvenes se sientan acogidos siempre y saboreen de verdad la alegría de ser honrados ciudadanos y buenos cristianos.

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