La historia del abanico se muestra en Alerre

La localidad oscense de Alerre acoge hasta el próximo día 25 de julio una extensa muestra de abanicos con los que se explica su propia historia. Varios ejemplares de este tradicional utensilio acompañados de algunos paneles informan de los usos y gestos que las jóvenes tuvieron que inventarse para crear así un medio para poder comunicarse con sus pretendientes y pasar desapercibidas.

Alrededor de 50 son los abanicos que se exponen en el propio ayuntamiento de Alerre y que pueden pasar a visitarse en horario de 7 a 9 de la tarde los sábados y domingos. Este material forma parte de la numerosa donación de Tomás Moyano Bonel, coleccionista nato y funcionario de la Comisión Europea, que hizo al ayuntamiento de esta localidad.

Con ella ahora se piensa hacer un centro de Interpretación en el que se muestren trajes típicos, una colección de zuecos, otra de tocados además de las aguabenditeras que se quieren exponer cuando se cierre la actual exposición de abanicos.

De la historia antigua del abanico, no son muchos los datos que se poseen, y, del mismo modo, aún está por investigar la historia del abanico en España que, en el siglo XIX y principios del XX fue, sin lugar a dudas, el país donde su uso estaba más extendido y uno de los pocos donde aún se fabricaban.

EL LENGUAJE DEL ABANICO

Cuando las damas del siglo XIX y principios del XX iban a los bailes eran acompañadas por su madre o por una señorita de compañía, que en la colonias recibía el nombre de chaperona, con el fin de que éstas velasen por su comportamiento. Las señoritas de compañía eran muy celosas en el desempeño de la labor que se les encomendaba por lo que las jóvenes tuvieron que inventarse un medio para poder comunicarse con sus pretendientes y pasar desapercibidas. Para ello usaban su abanico de diferentes maneras de modo que éste les servía de instrumento para pasar mensajes al galán que las cortejaba.

Si la dama se abanica sobre el pecho lentamente, significa: «Soy soltera, no tengo novio»

Si mueve el abanico en movimientos cortos y rápidos sobre su pecho: «Estoy comprometida o tengo novio, sigue tu camino»

Si abre y cierra el abanico y lo pone en su mejilla, le indica al joven: «Me gustas»

Si coloca el abanico en su sien y mira hacia arriba: «Pienso en ti de noche y día»

Si sospecha que su amado le es infiel o lo ve hablando con otra joven, se toca la punta de la nariz con el abanico, indicándole: «Algo no me huele bien»

Si camina impaciente de lado a lado golpeando la palma de su mano con el abanico: «Ten cuidado, cariñito, por ahí viene la chaperona»

Si abre y cierra el abanico y señala hacia el jardín: «Esperame allí mi amor, pronto estaré junto a tí»

Finalmente, si mira al joven sugestivamente cubriéndose la boca con el abanico, significa que le está enviando un beso, y obviamente, el joven sabe que él es el escogido.

Comentarios