Un instante en el silencio

Cristina Pérez

De los estímulos que llegan a nuestro cerebro, el setenta por ciento son sonidos. También ruidos. Esto último preocupa a millones de ciudadanos. Existen normativas y hasta un Dia Internacional del Ruido, para concienciar, aconsejar y si es preciso sancionar el exceso de ruido. Hasta hay asociaciones que no están de acuerdo con las medidas de sus ayuntamientos y se constituyen en batalladores contra el ruido. Pero , en el fondo , el ser humano necesita sonidos a su alrededor, sonidos, los ruidos son la caricatura exagerada del pentagrama cotidiano y eso no gusta.

El tacón de los zuecos de ultimísima moda es como un clavo que martillea el suelo de la oficina, el teléfono y el fax son la música que desentona al fondo del despacho, el microndas se empeña en avisar cuando acaba su tarea, el vecino del tercero da clases de bateria , el vecino de al lado está a punto de romper la normativa del ruido con el último Rap de moda, la moto que cruza el parque está huérfana de tubo de escape, el camión que lleva media hora descargando no apaga el motor, la silla del cuarto de la niña chirría cada vez que se sienta a estudiar, los dos bares de abajo- cada vez que abren sus puertas- dejan escapar miles de ruidos prisioneros que salen de golpe ,armando tremenda bulla ,con ganas de libertad....

El ruido nos estropea el carácter y altera el medio ambiente. Necesitamos el silencio, pero no nos atrevemos. No sabemos entrar en la casa sin, inmediatamente darle a la radio, a la tele, al equipo de música. Nos da miedo el silencio. No soportamos escucharnos a nosotros mismos, ni tampoco que las pisadas nos devuelvan el eco en el silencio. Nos da miedo la soledad, por lo tanto el silencio. Pero es necesario un minuto de silencio para reconocer nuestra propia voz en el aire. Pruèbelo. No hace falta esperar a un dolor de cabeza para cerrar los ojos y despertar al silencio. Hoy mismo, en casa, ni un ruido, solo unos minutos sin ruidos, ni tan siquiera un sonido. Escúchese por dentro.

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