Cartas al director: Turismo y comarcas

Luis Estaún (Director General de Turismo del Gobierno de Aragón)

La Ley del Turismo de Aragón ha entrado en vigor. Sin duda, se trata de una norma trascendental. Si el fin que todos compartimos es colaborar por el desarrollo de nuestra tierra y por el bienestar de los aragoneses, el Turismo es una pieza clave en la estructura sobre la que construir ese edificio común.

Decenas de miles de empleos y familias, dependen ya de este sector tan especial, al que esta nueva Ley otorga un régimen jurídico general, dirigido a la administración, ordenación y planificación de recursos turísticos, a las empresas y al fomento y desarrollo equilibrado de esta actividad.

Por eso, se atiende a todos las modalidades, y se apoya y potencia las iniciativas, con el criterio global de configurar Aragón como un destino turístico en conjunto. Que la variedad no disperse la oferta. El turista es cada vez más un visitante y Aragón tiene que poner la pluralidad de posibilidades a su favor, hasta brindar la imagen de un lugar digno de ser visitado por todo y por todos.

Esa diversidad es fruto de dos factores que la Ley valora. Por una parte, el privilegio de la naturaleza aragonesa. Su protección es premisa en un desarrollo sostenible, que debe aunarla con la consolidación e implantación de actividades económicas. Por otra parte, nuestra magnífica oferta, sustentada en el trabajo de tantos aragoneses. Esta norma fija el estatuto de la empresa turística, y apuesta por la promoción y el fomento, con especial interés hacia la calidad, la competitividad y la formación de los profesionales. Todo ello se dirige, finalmente, hacia el turista, al que se reconoce y garantiza derechos.

Estos criterios y esas metas señaladas, de gran importancia, necesitan unos actores públicos y privados para ser alcanzadas. De las empresas ya se ha hablado. En cuanto a las administraciones, la Ley encaja con la organización territorial que los aragoneses hemos impulsado en estos años. Las comarcas cobran especial protagonismo, a partir de sus amplias competencias en materia de turismo.

Justamente este último aspecto, el administrativo -y no los demás que son más importantes- ha sido motivo de polémica reciente. Las diputaciones provinciales no son expresamente mencionadas y ello ha provocado cierta incomprensión. El hecho cierto es que se trata de una cuestión nominal y consecuente. Por un lado, en absoluto se prohíbe nada a las diputaciones. Estas entidades podrán perfectamente seguir desarrollando la labor que estimen oportuna, al amparo legal de su competencia de cooperación con los ayuntamientos o prestación de servicios ?cuando su gestión no corresponda a las comarcas?.

Por eso, su ausencia nominal es una cuestión coherente. Las nuevas entidades que agrupan municipios y territorios tienen conferida amplia potestad en sus leyes de creación como comarcas. Es más, el Gobierno de Aragón va a transferir una importante dotación económica para esa función. Las comarcas serán los agentes públicos más activos y al tiempo más interesados en este sector, mientras la comunidad autónoma asume responsabilidades de cooperación jurídica, económica y técnica con esas entidades, entre otras. ¿Merece esto las visiones apocalípticas que se han vertido?

Por concretar, ni la marca ?Huesca La Magia? desaparece mientras la DPH quiera, ni va a padecer la imagen de conjunto del turismo aragonés que es labor de la DGA y que, no lo olvidemos, necesita además de una labor pegada al terreno. Las comarcas la realizarán sin tutelas. Como ejemplos de que las posibilidades siguen abiertas, se puede señalar los planes de dinamización, financiados por el Estado y por Aragón, con ámbito local y comarcal (nunca provincial), o que nada más aprobarse la Ley, el Gobierno de Aragón acordó un convenio de promoción con la Asociación altoaragonesa de empresarios del sector.

En fin, no se puede caer en el mismo error que, en su día, cometieron los que auguraron tantos males por la constitución de las autonomías. Si Aragón se organiza mejor en comarcas que en provincias, y todos estamos de acuerdo en ello, hay que ser consecuentes y ceder para adaptarse con espíritu abierto y colaborador a esta nueva realidad. El fin es no sólo mantener -como parece el deseo de algunos- sino mejorar el trabajo que juntos hacemos por el turismo en Aragón.

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