Mirando a otro lado

Luis Laiglesia

Calle San Lorenzo, 10:40 de la mañana, un niño de corta edad llora en el balcón de un primer piso. Un grupo de personas intenta consolarlo. Comienzo a preguntar. Al parecer el niño, no aparenta más de dos años, estaba solo en la vivienda y una obra de un local contiguo lo ha despertado, la criatura ha comenzado a llorar desconsoladamente y ha salido al balcón asustado. Nerviosismo entre los presentes, en el balcón hay un hueco por el que el chiquillo se asoma.

Hace 15 minutos se ha avisado al 112 pero nadie aparece. Llamada a la Policía Local pidiendo una intervención urgente, el niño sigue llorando desconsoladamente. Parece inmigrante, de algún país de Sudamérica, probablemente.

La Policía llega a los 5 minutos de la segunda llamada. Uno de los agentes, tras el oportuno golpe en la puerta, accede a la vivienda y pueden rescatar al niño, que sigue llorando. Nuestras sospechas se confirman, los padres habían dejado solo al niño mientras, suponemos, trabajan.

Es el día a día, también de Huesca. Ayer conocíamos que el chabolismo ha vuelto a la ciudad. En la cuesta de las Mártires hay una prueba de ello, pero una responsable de Cáritas me cuenta que existe otra vivienda en un descampado en la que malviven un matrimonio y sus dos hijos, el más pequeño, una niña de 6 meses. Han pasado todo el invierno sin agua, sin luz, sin calefacción. Nuestras conciencias deberían sublevarse ante estas realidades, pero nos hemos acostumbrado con demasiada frecuencia a mirar a otro lado. En Huesca no hay guerra, pero como si la hubiera. ¿quién se moviliza por estos niños? Nadie.

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