Román ha dejado de soñar

Cristina Pérez

Anda preocupado Román lleva un tiempo que asegura... no sueña. Se despierta con la sensación de que ha pasado la noche para nada. No descansa, no sabe si por la noche está vivo o si entra en coma. Porque se despierta con la seguridad de que no ha soñado y Román sabe que soñar es necesario. Será por esa sensación por la que hay días que está como hueco.

Su madre le dice que sólo piensa en el trabajo que ya no sale, que su mundo vive en su oficina y que ni siquiera coge el lapicero para hacer esos dibujitos pequeños con los que llenaba papeles mientras veía la tele. Y Román está melancólico, tristón y sin ganas de hacer nada.

Eso es porque no sueña. Hasta hace una semanas a lo largo del día, la mente le abría la puerta a un eco del último sueño... y por unos segundos era consciente de que la noche la había pasado nadando en el Atlántico o pintando murales en la selva, o cayendo de un ascensor que nunca dejaba de caer. Eran sus sueños y en función de ellos se despertaba con un carácter u otro. Pero ahora no... ahora se despierta absolutamente en blanco, está convencido de que no sueña nada. Pero, ¿Qué hace? Porque no va a ir al médico de cabecera a decirle que está a punto de caer en una depresión porque está convencido de que no sueña.

Román no sabe que si... que sueña pero que la vuelta a la realidad está tan envuelta de noticias impactantes que el subconsciente echa sobre los sueños una capa de cenizas par que no se contaminen con la realidad. Román apaga la luz, intenta dormir, piensa en el último sueño que tuviste y agárrate a él. Que la alimaña de la realidad no te apague el sueño. Román sueña, tienes que ser fuerte. Que soñar... soñar es imprescindible para vivir.

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