Cartas al director: Con las botas puestas

Salvador Plana (presidente de la FAMP)

Además del agua en tromba y sus lamentables consecuencias, las riadas de este último mes han tenido como elemento común la figura del alcalde. En cada uno de los municipios de la ribera del Ebro, del Manubles, del Jalón, o de cualquier otro río que amenazara con su crecida bienes públicos o privados, han estado al pie del torrente y con las botas puestas los alcaldes o los concejales, cumpliendo de forma ejemplar con su deber de servicio a la comunidad. A ninguno se le ha ocurrido mirar para otro lado que no fuera la defensa dé los intereses de los vecinos, nadie se ha ausentado el fin de semana para atender compromisos sociales o de ocio, todos han permanecido junto a la mota, a la orilla del río afrontando los problemas que se han planteado en cada momento o, simplemente, conteniendo las angustias de sus conciudadanos.

A la vez que se ocupaban de la emergencia, de forma casi unánime han recordado las veces que se han dirigido a la Confederación Hidrográfica del Ebro reclamando la limpieza de los tramos de río de sus términos municipales sin que las demandas hayan sido atendidas. Por falta de voluntad política, por escasez de recursos económicos o, tal vez, por una firme convicción ecologista parece que la CHE espera a que sea la naturaleza la que arrastre la maleza que obstruye una buena parte de los cauces de los ríos y que, en ocasiones como estas, multiplica los efectos devastadores de las avenidas.

Han sido las quejas más repetidas; los oídos sordos del organismo competente junto con las nevadas y el rápido deshielo en las montañas que circundan la cuenca del Ebro han hecho que se cumplan los agoreros avisos de los responsables municipales. Ahora es momento de reponer y reconstruir, de soluciones de forma rápida y eficaz los rastros dejados por las riadas. Pero también estamos a tiempo de reflexionar, de aprender de los errores y rectificar comportamientos, más allá de las buenas palabras y las promesas de ayudas coyunturales.

Los alcaldes aragoneses han dado una lección de templanza y responsabilidad de la que otros representantes públicos podrían tomar buena nota. Su labor ha sido tan in- tensa como callada, por eso no está de más reconocerla y felicitarla en !esta página.

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