Cartas al director: Manifiesto por la Paz

Aurea Galán

Lejos de los grandes centros urbanos los Ciudadanos en Pie de Paz continúan con su marcha incansable. Lejos de las grandes multitudes las concentraciones exigiendo la Paz congregan a quinientas, a mil personas, y cada uno de ellas se siente imprescindible porque tiene la posibilidad de participar activamente. En Sabiñánigo se ha preparado un escenario semicircular con una pequeña pasarela, todo ello realizado con velas, y a la luz de las velas se han ido leyendo los manifiestos, las poesías, los textos recopilados minuciosamente que hablan de las grandes cifras de beneficios que obtendrán las compañías petrolíferas ligadas a los centros del poder mundial.

Abuelas solemnes como relojes, madres inquietas como adolescentes, niñas sabias como sonrisas, músicos, concejales, estudiantes, funcionarios, obreros..., todos y cada uno leyeron su manifiesto con voz rotunda, mostraron expresamente su negativa a participar en esta invasión mal llamada guerra, alzaron la voz porque saben que el silencio asiente.

En Jaca la Plataforma por la Paz inventa cada día nuevas estrategias, se cuela en los plenos, inunda la calle, los músicos se concentran con sus instrumentos en la mismísima Catedral para combatir con arpegios los tambores de guerra y el estruendo de las bombas.

Entre Jaca y Sabiñánigo, eternos amantes competidores entre sí, se han roto las barreras. Los activistas por la Paz se unen e inventan irrealizables cadenas humanas entre una y otra ciudad, Trenes por la Paz, Marchas Ciclistas por la Paz, Caravanas por la Paz...

Los problemas económicos se resuelven a escote y sin rechistar.

Los valles del Aragón y de Tena se suman a las iniciativas y proponen a su vez las más deliciosas majaderías. Se contiene suavemente a los exaltados, que haberlos haylos, y si la suavidad no funciona, una carcajada múltiple y espontánea suele hacer milagros. Hasta que se quedan solos como vinieron, hasta que se aburren, hasta que se van.

Lejos de los grandes centros urbanos los rebotados viscerales son pocos, están perfectamente identificados y suelen ser excusados de sus excentricidades por razones humanitarias. En realidad se les hace poco o ningún caso y cuando se les presta atención suele ser con ánimo terapéutico a eso de las tres de la mañana y con un par de copas encima.

Lejos de los grandes centros urbanos no existen los grupos violentos organizados, preparados y adiestrados para reventar actos, ya sea una manifestación contra la globalización, a favor de la Paz, o de un determinado equipo de fútbol.

Desde los tiempos remotos de la Transición he tenido que convivir con los Ultra Sur, al principio te acorralaban por la calle y te hacían cantar el Cara al Sol con el brazo en alto a punta de pistola, se pasearon después por la calle Princesa enarbolando banderas y haciendo que los transeúntes las besaran de rodillas, cualquier humillación era posible.

Pintaron cada esquina de mi barrio con sus anagramas fascistas, vestidos con camisa azul- en Madrid, por ello es un grave insulto llevar una camisa azul-. Se dedicaron después a atacar con bates de béisbol a los amantes del Parque del Oeste y del Retiro, tras ellos la iniciaron con los Sin techo, haciendo de ellos antorchas humanas, a continuación la emprendieron contra los emigrantes de color, a continuación su objetivo ha sido la gente joven de pelo y jersey largo, luego cualquiera que pasa por la calle y presienten que no les mira bien, y ahora, quien sabe por donde les llevan, quienes les llevan, se dedican a reventar los actos ciudadanos.

Siempre han estado ahí, y muy poderosos tienen que ser quienes les protegen para que continúen estando. Forman parte de la vida madrileña al igual que la Cibeles, el Prado o el Reina Sofía. Y se sufren porque su odio y su violencia no conoce límites y carece de para metros conocidos.

Lejos de los grandes centros urbanos el odio se dispersa entre la neblina, por eso las abuelas solemnes como relojes, las madres inquietas como adolescentes, y las niñas sabias como sonrisas, proclaman a viva voz su Manifiesto por la Paz.

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