Puro teatro

Cristina Pérez

Ha convertido su vida en un escenario. Un escenario donde él se sube cada mañana y se dispone a actuar. Vive, come, trabaja, sufre, disfruta, discute, juega, se mueve, se para.....todo sobre el escenario. Pero no es él. El, necesita público para vivir. No sabe vivir de puertas adentro, necesita sentirse observado y necesita sentir que, con cada movimiento va un aplauso. Le gusta el teatro. Pero siempre y cuando él sea el protagonista. Si hay un entierro, él tiene que ser el muerto durante unos minutos, si es un bautizo, el crio recién nacido, si es la final donde se disputa el oro, él tiene que ser el que se sube al cajón del número uno.

Nadie le discute su enorme capacidad para la escena de la vida, su mujer lo llama ?teatrero?..y cuando se acuesta deja sobre el edredón la máscara del día agotada . Hasta que a la mañana siguiente la vuelve a pegar a su rostro. Aunque, alguna noche, su mujer ha observado cómo él desliza su mano y vuelve a colocarse la máscara.....hasta en los sueños ....

El teatro es otra cosa. El teatro no es un alejamiento de la vida, más bien un acercamiento. El teatro pone la lupa a las situaciones más invisibles de la vida. Los autores de obras de teatro, grandes o pequeñas, escriben bajo el dictado de la vida. La de ellos y la de los demás. Son capaces de contar sin palabras, de explicar muchas historias en un monólogo y ya en el triple mortal hasta se atreven a enmendar la plana a los grandes. Porque, se la están enmendando a la propia vida.

En nuestra provincia hay grupos de teatros de aficionados que son capaces de interpretar de forma profesional lo que está en los cuadernos teatrales. La magia que tienen estos actores aficionados es la de convertir la parte de atrás de una casa de la cultura o de un polideportivo en las candilejas del mejor teatro. No hace falta más. Donde hay un hombre, una mujer que ama al teatro, en ese lugar habita el espiritu del teatro. Del puro teatro.

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