Duros a cuatro pesetas

Nuria Garcés

Siento que ahora estemos ya hablando de euros, porque no sé bien cuál sería la traslación, con los céntimos de por medio. Pero parece bastante lamentable que personas que llevan cincuenta años viviendo en su casa, que han sido expropiados, que no se han negado nunca a nada, por el bien y el desarrollo de esta ciudad y sus estudios universitarios, tengan que ver cómo se les ningunea, cómo se les quieren dar duros a cuatro pesetas. Y encima tendrán que estar agradecidos.

Hablamos de casitas, en la Ronda Misericordia, de una media de 90 metros cuadrados, e incluso alguno más, con corralito en la parte trasera, y un pequeño jardín, tanto delante como detrás. Después de tantos años, son casas en las que se han realizado no pocas mejoras y arreglos para hacerlas más confortable y habitables. Pues bien, la expropiación ha marcado un pago que oscila entre los 30.000 y los 36.000 euros. Es decir, entre 5 y 6 millones de pesetas, que así nos entendemos mejor. Es una pena que esas cinco viviendas vayan a ser derruidas, porque esto es el chollo del siglo. Que les digan a cualquiera de ustedes dónde pueden encontrar una unifamiliar con jardín, por ese precio, porque se lanzan como locos. O no.

La pena es que no estamos hablando en broma. La pena es que se trata de personas mayores, que llevan toda su vida viviendo allí, que no tienen dinero, y que han comprometido entradas para comprar un nuevo piso, que les puede costar, como mínimo, cuatro veces lo que las instituciones les pagan. Y se sienten abandonados, engañados, utilizados y agraviados. Agraviados, sí; porque, sin necesidad de dar más explicaciones, recordaremos que no hace tanto tiempo que en esa misma zona se pagó bastante más dinero por la expropiación de otros terrenos. Luego nos aclararán que hablamos de distintas administraciones y de fines diferentes. Bien. Pero permítannos asegurar que el expropiado no entiende de todo eso. Al fin y al cabo es un ciudadano corriente, de a pie.

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