Agua y arroz

Nuria Garcés

Todo el mundo tiene derecho a manifestarse. Evidentemente. Y hay manifestaciones y manifestaciones. Unas con más razón, y otras con menos. Algunas muy importantes y otras más bien anecdóticas. La del domingo en Valencia era una movilización muy importante, no lo vamos a negar, pero también lo fueron las otras que se han realizado en Zaragoza, en Barcelona o en Madrid, por poner algunos ejemplos, en contra del Plan Hidrológico Nacional. Y en aquellos casos, a pesar de sacar a la calle a cientos de miles de aragoneses, no contaron con financiación estatal para movilizar a las masas, ni con el seguimiento más que especial de algunos medios de comunicación, también estatales.

En aquellas ocasiones tampoco se repartieron miles de raciones de paella. No quiero pensar lo que habrían dicho de los aragoneses si nos hubiéramos puesto a repartir bocadillos, o platos de migas para animar el final de las marchas. Lo mínimo, entre risas, habría sido ?paletos?. Entonces no fue necesario dar de comer a los manifestantes para que mostraran su rechazo a un Plan Hidrológico Nacional que hipotecará el futuro de esta tierra, a pesar de que los levantinos, que producen el 30% de la riqueza de España, aseguren que sin esa agua están directamente abocados al empobrecimiento. Los aragoneses nos tuvimos que volver a escuchar aquello de que somos insolidarios y, para más ?inri?, que el PHN nos beneficiará. Los que, en medio de los mensajes eufóricos de la manifestación y de las paellas, hicieron esta afirmación, olvidaron decir en forma de qué llegará el tal beneficio.

Fueran 800.000 los manifestantes, o tan sólo la mitad, lo mismo da. Lo que está claro es que Aragón mostró en las calles, proporcionalmente, una mayor preocupación ciudadana que unas comunidades tan pobladas como la valenciana o la murciana. A pesar de lo que digan, nosotros perdemos más.

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