Cartas al director: No con mi dinero

Andrés Esteban, Asociación para la Financiación Solidaria.

El 15-F ha pasado a ser un referente en la lucha por un mundo más justo y en paz. Los millones de personas que a lo largo de todo el mundo se manifestaron en contra de la guerra son la expresión de una globalización humanizadora cuya marea blanca se extiende por encima de banderas y fronteras.

Y eso es algo a lo que no se han podido sustraer parlamentos, gobiernos, organismos internacionales y aún los señores de la guerra; de tal forma que el eco de los millones de voces que dicen ?no a la guerra? tiene su reflejo en la postura que están adoptando una buena parte de los países que forman las Naciones Unidas. Sólo quienes llevan orejeras bélicas son incapaces de escuchar ese clamor.

Mucho se ha dicho y escrito sobre los motivos que están generando esa conciencia colectiva mundial a favor de la paz. Ahí está, a modo de ejemplo, la certeza de que la guerra no es el camino de la justicia sino del fracaso, que las vidas valen más que los barriles de petróleo, o simplemente que estamos ya hartos de tanta injusticia y muerte para que al final en todas las guerras las víctimas sean los más débiles, y los beneficiados sean los de siempre, los poderosos.

No es casual que el lema más repetido sea ?No más sangre por petróleo?, porque la sociedad en su conjunto ha visto claramente que la motivación de esta guerra ( como casi todas )son los intereses económicos sobre las reservas petrolíferas, y la ocupación de una posición geoestratégica privilegiada de cara al futuro ( véase la encuesta de la presidencia de la UE sobre cuáles se consideran los motivos de esta guerra) para tener garantizados más ingresos y riqueza para unos pocos aunque sea a costa de injusticia, miseria y calamidades para la mayoría.

Unos datos sobre la interrelación guerra-economía: el día que el parlamento turco decidió impedir el despliegue de las tropas de Estados Unidos para invadir desde ahí Irak, su Bolsa bajó un 12 %, y su moneda se devaluó un 5%. Estados Unidos amenaza a Alemania y Francia con represalias económicas por su postura no colaboracionista; mientras el hermano de Bush nos dice a los españoles que nosotros, que sí colaboramos, ?saldremos beneficiados?.

Como se puede apreciar, aparentemente, nada nuevo bajo el sol: los señores de la guerra que deciden, los caballeros que les secundan, la legalidad que salta por los aires, el botín que se reparten y los muertos, de los otros, que serán llorados por sus madres.

Pero hay un factor importante que puede cambiar la escena: a esa guerra se va con nuestro dinero. Porque el dinero para el armamento, la propaganda, las municiones no sale de la nada. Detrás de las poderosas industrias armamentísticas y petroleras están las inversiones de millones de ciudadanos, a través de fondos de inversión, mediante el ahorro o a través del consumo de sus productos favorecemos su poder, aún sin saberlo. A ello contribuye la concentración y libre circulación del dinero así como el poder de las empresas transnacionales, entre las que se encuentran algunas españolas.

De ahí la trascendencia de que los ciudadanos que día tras día decimos no a la guerra, estampamos nuestra firma en contra para dejar constancia de que no en mi nombre y salimos a la calle para gritar no con mi silencio, digamos también no con mi dinero. Debemos tomar conciencia de que esta guerra puede estar preparándose con nuestro dinero, de forma que mientras nosotros enarbolamos la bandera pacifista, con él se pueden estar construyendo bombas, aviones, tanques u otros artilugios de destrucción.

Por ello, si queremos profundizar en vías pacíficas para la solución de los conflictos y fortalecer estructuras que contribuyan a un mundo más justo, es hora de que pongamos nuestro dinero al servicio de esa causa y no de la contraria. Se trata de poner en coherencia nuestros valores humanos y el uso que hacemos de nuestro dinero.

Hoy, cuando la economía es un factor clave en el desarrollo del mundo, no podemos obviar nuestra responsabilidad como inversores y consumidores. Son dos instrumentos que intervienen configurando la sociedad, con o sin nuestra opinión. Cómo invertimos nuestro dinero o hacia quién dirigimos nuestro consumo influirá en darle más armas a los señores de la guerra o seguir dando oportunidades a la paz

¿ Para quién trabaja mi dinero?, ¿A qué causa está contribuyendo? ¿ A quién favorece mi consumo, qué tipo de industria, relación con el medio y las personas fomenta? Son reflexiones necesarias si queremos asumir nuestro papel en la sociedad. Es tiempo de recuperar el protagonismo sobre nuestro dinero y ponerlo al servicio de nuestra causa, la de la inmensa mayoría de la sociedad.

Las posibilidades de actuación son diversas: la primera, asumir que mi dinero no es neutro y en este momento esta interviniendo a favor de un modelo de desarrollo económico y social. A partir de ahí, revisar donde está invertido o qué hago con él, y ver qué opciones están mas en consonancia con mis valores. Después, se pueden aplicar criterios negativos: retirar el dinero de determinados fondos o entidades bancarias o no consumir productos de empresas que estén vinculadas con la guerra. O bien positivos: los fondos de inversión éticos, la financiación solidaria y el consumo responsable son algunas de los instrumentos que hacen posibles unas finanzas éticas al servicio de una sociedad más justa.

Si no intervenimos por esta vía económica otros lo harán en nuestro lugar y utilizando nuestros recursos.

NO A LA GUERRA,

NO EN MI NOMBRE, NO CON MI SILENCIO, NO CON MI DINERO.

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