Absoluta armonía entre los trabajadores del túnel de Somport

El túnel de Somport, abierto hace algo más de un mes, cuenta con 52 trabajadores. Son franceses y españoles, aunque estos últimos son mayoría. Cuarenta españoles y doce franceses. El clima de trabajo es inmejorable.

Según el diario francés Sud Ouest, franceses y españoles se entienden de maravilla, sin que el idioma constituya el menor obstáculo. Se trata de gente joven, prácticamente todos de la misma edad, rozando la treintena, que hablan indistintamente en francés o en español. En ocasiones, incluso, los franceses se encuentran hablando entre si, dicen, en la lengua de Cervantes.

Los jóvenes galos se muestran muy satisfechos. Son naturales del Valle del Aspe y han conseguido no abandonar su tierra. Las condiciones del contrato de trabajo decían que era obligatorio vivir a menos de 30 kilómetros del túnel, y tener conocimientos de español. El ritmo de trabajo que se lleva es español, en turnos de 7 de la mañana a 7 de la tarde, o de 7 de la tarde a 7 de la mañana. No les importa que el régimen adoptado sea de 40 horas semanales. Unos y otros hablan de una inmejorable relación. Todos se conocieron a la vez, y juntos han descubierto la empresa, trabando buenos lazos de unión.

Pero además de todo ello, los trabajadores franceses dan una gran importancia al hecho de que, gracias a este trabajo, hayan podido quedarse a vivir en la zona. Aseguran que los habitantes del valle saben muy bien que necesitan trabajar. Les comprenden y prefieren que los jóvenes tengan un empleo en la zona para no tener que marcharse, como ha ocurrido con la mayoría. Añaden que no están seguros de que, entre todos los opositores al túnel haya muchos que aceptaran vivir a menos de 30 kilómetros de la cima del valle. Por ello, creen que el túnel de Somport no sólo ha creado gente descontenta. Al contrario.

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