¿Y tú de qué vas?

Cristina Pérez

Y tú ¿ de qué vas?, es la pregunta que más veces se está repitiendo estos dias. Y qué cosas, a casi nadie le gusta decirlo, porque el anonimato es la esencia del carnaval. Te miran a los ojos desde el desfile, se mueven te hacen gestos con las manos y tu, desde la acera, los miras y sonries como si supieras quién es el siniestro enmascarado: ni idea. Si perdonan la comparación, algo parecido pasa en Semana Santa, salvando todas las distancias que usted ponga. Aunque, en esta ocasión son los zapatos los que marcan la diferencia.

Doña cuaresma y don carnaval, como todos los extremos, pueden llegar a tocarse. En ambos casos las calles se convierten en escenario, en ambos casos se oculta la cara y, en lugares pequeños, suelen ser los mismos vecinos los que pasean las calles.

Cuando pase don carnaval, se apagarán los fuegos y comenzará a encenderse el calorcico de la primavera, será el calor y el color primaveral quien comience a repintar los colores vivos que los trajes carnavaleros han ido almacenando en esos extraños lugares donde duermen las máscaras y donde habitan las guasas, las comparsas, las críticas, los clones con mala leche y la oportunidad de poner en una pancarta lo que le de la gana. El carnaval. El carnaval cuando pasa deja en las calles confetis y serpentinas de colores y en la piel un maquillaje que, algunos, intentan que perdure más allá de la Semana Santa.

Acaba de llegar y ya se empieza a marchar, el carnaval es la mejor excusa para empezar a hablar de la primavera. Y en los tiempos que corren debería de ser la mejor excusa para que más de uno se arrancara la máscara y nos dejara ver su verdadero rostro.

Este carnaval, en vísperas de guerras, se está convirtiendo en un desfile inacabable de pasión, dolor y, esperemos, la resurección de la razón.

Comentarios