No me traigas flores

Cristina Pérez

Si lo tuyo no es sorprender con el día a día. Hoy tampoco. Y menos con flores, cuyo lenguaje desconoce el florista y no sabrás si le estás diciendo que la quieres, que estas de una pasión subida o que te vaya bonito y adiós.

Mira, pasa de estos rollos pegajosos, pastosos y rosas. Mira. En Bagdad, ahora, duerme un niño. Su madre va a la cuna cien veces para asegurarse que todo marcha bien. Abajo en el patio en un arcón frigorífico un montón de comida duerme a la espera del encierro. El niño se despierta y sonríe. No sabe nada. Su madre lo sabe todo. Sabe que el hecho de que la sonrisa de su hijo siga iluminando la vida de su madre, no depende de ellos.

La madre no sabe nada de estas fiestas de San Valentín, apenas recuerda si su marido existe o si murió. Su amor, su único amor, acaba de despertarse en una cunita. Ella no sabe todavía que, mañana, una buena parte del mundo, saldrá a la calle, a gritar por la paz , a ponerle voz a su llanto de miedo.

Mañana , quizá, le lleguen los ecos de las voces que pretenden apagar las bombas que están por salir a un viaje macabro.

Mira, mejor no le lleves flores. Mejor piénsatelo dos veces. Ella sabe que le quieres. Pasa de San Valentín. Despiértale cada mañana con un abrazo y , en otro gesto de amor más universal, grita mañana PAZ. En Bagdad ahora duerme un niño. Su madre le vela el sueño y piensa en si tendrá tiempo futuro de darle todo el amor que le nace cada vez que le mira.

Comentarios