Los ciudadanos relacionan el euro con la subida de precios

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El año 2002 no deja buen sabor de boca a los consumidores que se quejan del precio de las compras, de lo poco que dura un billete en euros en el bolsillo y marcan a los comerciantes como principales culpables. Pero, si trasladamos esa crítica al sector, se dice que la subida no se debe al cambio de moneda, sino a la tendencia que experimentan los precios de los productos a crecer cada vez un poco más y costar un poco más dinero. Que los precios son inestables por naturaleza e incapaces por lo tanto de mantenerse mucho tiempo sin experimentar cambios.

La peseta ya ha desaparecido del curso legal pero, sin embargo todavía se sigue pensando en esos términos. Un año después de la incorporación del euro, en España aún quedan por cambiar a la moneda europea unos 360.000 millones de pesetas. La ?rubia? se resiste a abandonar nuestros bolsillos, y nuestras cuentas, ya que tan solo el 20% de los españoles las hacen en la nueva moneda. Para los que todavía poseen pesetas en su poder, pueden cambiarlas en el Banco de España por el momento sin fecha límite.

Del saldo total de divisa europea, el 96% está en billetes. Los que más circulan son los de 50 y los de 20 euros. Los menos conocidos por todos son los de 500 euros, de los que sólo se han puesto en circulación 25 millones de unidades. Los de 10 y 5 euros, que al principio fueron los más usados, han caído en picado, a pesar del esfuerzo de comerciantes para que se distribuyeran más de estos billetes.

También el euro ha desatado infinidad de críticas por los nuevos billetes que destiñen y encogen si se pasan por agua, o que algunos componentes de las monedas como el níquel pueden producir alergias varias en las manos de los usuarios.

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