Triste enero

Nuria Garcés

Tras la blanca Navidad llega el triste enero. Y si no, asómense a sus ventanas o paseen por Huesca tal día como hoy. Cielo gris blanquecino, amenazando entre lluvia y nieve. Calles semivacías por las que transita gente que todavía no ha reaccionado y que sigue envuelta en papel de regalo y sumida entre paquetes, cambiando presentes repetidos o intentando organizar a los niños en el caos de juguetes en que andan perdidos.

Hoy es día de jugar y también de quedarse en casa, más con este frío. Es día de empezar a recoger nacimientos, belenes, árboles de Navidad y adornos. Empaquetar, no sin cierta nostalgia, y bajar al trastero, guardar en el armario, despedir hasta el año que viene. ¡Qué pronto ha pasado la Navidad!.

Encontramos todavía algún trozo suelto de turrón, ese que menos hemos comido porque es el que menos nos gusta. Queda alguna botella de cava abierta y sin acabar, y dos o tres polvorones. Queda una cuenta corriente maltrecha, y una sensación de que, un año más, nos hemos pasado con los regalos. Que con un poco menos también habría valido, que los niños juegan y se sienten igual con dos juguetes que con seis. Pero nosotros, a lo grande, que no se diga.

Quedan, encima, más de dos meses de rebajas. De seguir consumiendo, por si se nos olvidó algo en estas fechas recién terminadas.

Y es el momento de empezar a pensar en almuerzos y meriendas de los más pequeños, libros y mochilas, porque mañana vuelven al colegio. Regresamos a la normalidad, y a ellos ya les apetece también. No digamos a los mayores. A pesar de que hoy sea un día triste y nostálgico, ya empezábamos a echar de menos nuestro carril.

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