La Cofradía de Nuestra Señora del Pilar mantiene la tradición y celebra la venida de la Virgen

La Iglesia del Convento de las Miguelas acogerá este domingo, a las 11 y media de la mañana, la celebración de la fiesta anual de la Cofradía de Nuestra Señora del Pilar de Huesca, con una misa cantada por las religiosas del convento. A su término, se repartirá torta bendecida y vino.

En principio, la fiesta anual se celebraba el primer domingo después del 12 de octubre, pero tras la reforma de 1909, la Fiesta ha de celebrarse invariablemente el primer domingo siguiente al día dos de enero. Según los estatutos, el Depositario de la Cofradía debe tener inmuebles con los cuales pueda responder si, en alguna ocasión, distrajese los fondos que le hubiesen entregado.

La tradición de esta celebración data de 1639, conmemorando la venida de la Virgen en Carne Mortal a Zaragoza. En ese mismo año se fundó la cofradía, que residió desde entonces en el Convento de los Carmelitas Descalzos de la Encarnación y San Miguel, orden religiosa que habitaba un cenobio ya desaparecido en los alrededores donde se ubica la orden femenina.

El convento de los Carmelitas desapareció con las sucesivas desamortizaciones habidas en la primera mitad del siglo XIX, por lo que la Cofradía pasó a tener su sede en las Miguelas. Aunque consta que la fundación tuvo lugar en 1639, el primer documento que se conserva data del año 1800, año en el que se renuevan los estatutos y se recogen todos los cofrades en esa fecha, con la autorización del entonces obispo de Huesca, Joaquín Sánchez de Cutanda.

Según consta en ese documento, cada año debía elegirse un prior, con la condición de ser de buena fama, costumbres y sin nota de empleo vil, y su forma de elección era mediante votación con habas blancas y negras, para que se viera si quedaba o no admitido por todos. Entre las obligaciones del cargo de prior figuraban la de comprar 8 libras de cera para celebrar la fiesta anual, la forma de participación en los entierros y número de misas a celebrar según fuera el hermano o la hermana difunda. Entre algunas obligaciones que contemplan los Estatutos, y que se siguen manteniendo se encuentra la de repartir torta y vino entre sus cofrades y ofrecer misas a los cofrades difuntos.

La última reforma de sus estatutos tuvo lugar el año 1909, y fueron aprobados en 1911 por el Obispo de Huesca, Mariano Supervía.

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