Avanza en silencio

Cristina Perez

Hay días en los que no está para nada. O para muy poco. Si hoy ha hecho las camas , el baño y la comida sola, es una proeza. Por eso su vida, en ocasiones, no puede caminar en línea recta. Tiene esclerosis múltiple. Y necesita que en su camino habiten muchos bancos para ir descansando y que habiten gentes con buen humor como el de ella que a veces es tan silenciosa como su propia enfermedad.

Yo solo la oigo quejarse el día que, nada más poner el pie en el suelo , se acuerda de su enfermedad. Intenta no hacerle caso. Si las camas no se hacen, pues no se hacen y si la abuela tiene que ir a buscar a la niña al cole, pues que vaya. No hay que ponerse nerviosa, se dice a si misma, tranquila, siéntate y no pienses en esa sombra que tienes dentro y que cuando se mueve te paraliza.

La esclerosis múltiple es una enfermedad que avanza en silencio y que congela los huesos. A ella se la presentaron con apenas trece años, una mañana en la que al levantarse ,con el ímpetu propia de aquella edad, se cayó al suelo porque algo le había fallado. Después otro día era un brazo, tres días después la cara no respondía a sus gestos. Los médicos, las resonancias, los contrastes, la cortisona, los masajes....y un deseo a la vida: que no avance más.

Es curioso porque a los enfermos de esclerosis que conozco siempre les acompaña la sonrisa. Y sufren, ya lo creo. Pero estar con ellos es como beberte de un trago unos sorbos de serenidad. Saben que no pueden tomarse la vida con prisas y lo asumen dando ejemplo. Van despacio, no quieren llegar pronto a ningún lado, quieren disfrutar en el camino. Y solo tienen un deseo: que no avance más.

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