Feliz y agobiante Navidad

Nuria Garcés

Son días distintos. Llegan las fiestas de Navidad y se nos multiplica el trabajo. Al habitual hay que sumar el tiempo que dedicamos a pensar los regalos que queremos hacer a nuestros seres queridos, además de qué vamos a hacer de cenar el día de Nochebuena, y qué de comer para Año Nuevo, más aún si ese día todos tenemos el cuerpo como un reloj... También hay que salir a hacer todas esas compras... e imbuirse del espíritu navideño-consumista que lo inunda todo, tengamos ganas o no, y compaginarlo como digo con el trabajo, pero además con los niños, las vacaciones, los abuelos, la familia que vuelve a casa por Navidad...

Días que, a primera vista podrían parecer de paz y felicidad, y que son más bien de nervios y de estrés, de agobios, de luces, bolsas, paquetes, tarjetas de crédito, belenes, run-run de villancicos, miles de anuncios de televisión...

Y se nos ha olvidado escribir las tarjetas a amigos y conocidos. Bueno, siempre nos queda el ordenador con sus e-mails. Y el pasado fin de semana nos acabamos el turrón antes de empezar las fiestas, y hay que volver a comprar a toda prisa; y a última hora del día 24 vamos buscando como locos salsa rosa para los langostinos, que parece que todo el mundo ha tenido la misma idea, porque no queda en ninguna tienda... Y menos mal que estos días, comercios y comerciantes tienen tan poco horario fijo como nosotros y nos abren prácticamente todo el día, domingos incluidos.

Llega la Navidad e intentamos poner buena cara, porque es tiempo de estar felices. Porque lo estamos, sí, pero los agobios son muchos y no nos dejan disfrutar. Por lo menos, cuando esta Nochebuena nos sentemos a la mesa, aunque sea un segundo, respiremos hondo y tratemos de olvidarnos de todo lo que no sea alegría, felicidad, familia, paz... Todo lo que normalmente tenemos y de lo que la vorágine tan a penas nos deja disfrutar. Sobre todo, Feliz Navidad.

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