Las avenidas en los ríos Gállego y Alcanadre, las más difíciles de controlar

Las precipitaciones continuadas, el deshielo y las tormentas de verano provocan crecidas en el caudal de los ríos de la provincia que pueden ser controladas gracias a los embalses existentes en su curso. Los principales problemas se dan en el Gállego y en el Alcanadre. También en el Cinca, a la altura de Monzón y de Fraga.

La regulación de los caudales hídricos, que se producen en los ríos de la provincia de Huesca, por medio de los embalses permite que no tengan efectos negativos las avenidas de agua que se dan en momentos determinados del año.

No obstante, hay puntos del Alto Aragón en los que se pueden producir situaciones preocupantes por la insuficiente regulación de los ríos. Es el caso del Gállego, en el que los embalses existentes son utilizados de forma casi única para producción hidroeléctrica. Sí se utiliza para riego La Sotonera; sin embargo, es un embalse en derivación lo que supone que en una crecida la mayor parte del caudal no pueda recogerse debido a que el Canal del Gállego tiene una capacidad de 80 metros cúbicos por segundo, mientras que las avenidas pueden llegar a ser de 300 y 400 metros cúbicos por segundo.

En el caso del río Alcanadre, la ausencia de regulación provoca que la localidad de Ballobar viva siempre pendiente del nivel del agua, ya que se encuentra en la conexión de este río con el Cinca. A su vez, su caudal junto con el del propio Cinca puede provocar situaciones comprometidas para la localidad de Fraga.

En el Alcanadre se baraja la posibilidad de construir un embalse, el cual ya aparece recogido en el Plan Hidrológico de la cuenca del Ebro; no obstante, se observa como una obra que se ejecutaría a largo plazo.

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