¿De qué sirve celebrarlo?

Rosa González

Si el pasado domingo celebrábamos el Día Internacional de la lucha contra el SIDA, este martes hacemos lo propio con las Personas Discapacitadas. Una fecha más que nos recuerdan los medios de comunicación y que olvidamos tan pronto como termina el último informativo. Entonces, ¿qué sentido tiene conmemorar estas fechas? ¿De qué sirve que año tras año celebremos un día contra la pobreza, contra los abusos en la infancia, en favor de la defensa de los derechos humanos...?

Pues bueno, esto es como las manifestaciones contra el terrorismo. No van a acabar con él, pero si gracias a ella una persona más se conciencia de la existencia de este problema, el esfuerzo ya ha merecido la pena.

Sin embargo, no es suficiente recordar, el 3 de diciembre, que hay millones de personas que sufren algún tipo de discapacidad. Bien sea física o psíquica, no dejan de ser personas, por lo que merecen el mismo respeto con el que cuenta el panadero o el alcalde. Y dicho respeto comienza en la mejora de la accesibilidad urbana, la concesión de ayudas económicas para paliar sus necesidades o el simple hecho de no desatar nuestros instintos más crueles riéndonos de las desgracias ajenas. Algo que, aunque impropio de una sociedad civilizada, es el pan nuestro de cada día. Y si no, hagan memoria y quien esté libre de culpa, que tire la primera piedra.

En estos días se repite hasta la saciedad, como yo he hecho unas líneas más arriba, los mensajes de concienciación y la idea de que no puede ser sólo una jornada reivindicativa en la que no volvemos a pensar hasta que caen doce hojas del calendario porque, el 3 de diciembre de 2003, echaremos la vista atrás y nos daremos cuenta de que pocas cosas han cambiado desde la celebración anterior o la de 1984.

Por eso, desde aquí propongo que éste sea el último año que las personas discapacitadas, las seropositivas o los derechos humanos sean bandera de defensa. Misión aunque difícil, con la comprensión y la ayuda de todos, no imposible.

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