Huesca y provincia acumulan numerosas denuncias por filtraciones y vertidos en sus aguas

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La coincidencia de una filtración de gasoil en el agua de boca en un bloque de viviendas de la Avenida Pirineos y otro de aguas fecales en un edificio de la urbanización las Miguelas, ha desatado la alarma en los últimos días en la ciudad. Todo apunta a que el 2002 va a ser el año del agua en Huesca, porque además de la lucha contra el Plan Hidrológico Nacional, la provincia ha sufrido en lo que llevamos de año varios incidentes relacionados con ella que la han convertido en protagonista porque han afectado no solo a Huesca sino a diferentes municipios del Alto Aragón.

En el mes de julio se detectaba en el Río Gállego un nuevo vertido, después del ocurrido en el mes de diciembre, a su paso por la localidad de Caldearenas que obligaban a la población a dejar de beber agua del grifo y a ser suministrados por camiones cisterna. En torno a la misma época, saltaba la alarma en la población de Botaya por un vertido de 60 mil litros de agua contaminada con gasóleo en una fosa séptica de San Juan de la Peña, como consecuencia de un transporte de agua en un camión cisterna para llenar el depósito que da servicio a las dependencias entorno al Monasterio Nuevo.

Por otra parte en Huesca el termómetro se ponía la rojo vivo cuando salían a la luz varios informes emitidos por el Servicion Aragonés de la Salud en los que se asegura que el 28 y 29 de agosto y el 13 y 30 de septiembre el agua que se había suministrado a la capital oscense había sido no potable. La oposición no dudaba entonces, al igual que ahora, en salir a la palestra y exigir un plan de mejora del suministro de agua para la ciudad.

El verano tampoco estuvo exento de polémica al igual que los meses posteriores en los que se llegó a recomendar que no se bebiera agua del grifo, sobre todos a los enfermos. Mientras, la gastroenteritis afectó a buena parte de la población.

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