¿De todos o de… unos pocos?

Nuria Garcés

Las asociaciones de vecinos no siempre representan los intereses generales de los barrios de nuestra ciudad. Lo que en algunas ocasiones representan son los intereses de unos cuantos, no de todos. Pero las voces discrepantes que generan suelen hacer mucho ruido; los medios de comunicación les escuchamos, reproducimos sus opiniones y, a veces, caemos en el error de elevar a categoría lo que no debería pasar de mera anécdota. Y así nos va en Huesca.

La asociación de vecinos del barrio de San Lorenzo quiere celebrar una asamblea en la que ratificar su oposición a la construcción de un hotel en los terrenos de la Cámara de Comercio. No he dicho terrenos municipales, ni terrenos públicos. He dicho ?de la Cámara de Comercio?. No creo que a ninguno de esos vecinos, propietario seguro de algún terrenito en los alrededores de Huesca, le gustara que le dijeran lo que puede o no puede construir en él, según el gusto de unos cuantos.

¿Por qué no les gusta que se construya un hotel en las inmediaciones de sus viviendas? No estamos hablando de situarles en el barrio un vertedero, ni ninguna macro-discoteca, ni nada aparentemente terrible, nocivo o pernicioso. ¿Por qué pues una oposición, en principio, poco argumentada y escasamente justificada? Se habla, incluso, de promover movilizaciones contra una iniciativa que mejorará la infraestructura de servicios en la ciudad. Una de las grandes ventajas en un sistema democrático es el derecho a discrepar, pero también el derecho y el respeto a la propiedad privada. Pretender influir desde posiciones diluidas en necesarios instrumentos de participación, como son las asociaciones de vecinos es, cuando menos sospechoso, además de poco serio.

Esto recuerda vagamente a las movilizaciones emprendidas por los vecinos del barrio de Santiago, ¿unidos? en contra de los Multicines. Se ponía en boca de todo un barrio lo que no aceptaban unos cuantos, a quienes no les gustaba que levantaran un edificio de servicios culturales en un jardín, en medio de jardines. Tiempo después, ningún problema, ninguna queja... sólo cine todos los días de la semana. Tal vez se exageró con la protesta.

O el barrio de Santiago, de nuevo, que recogió firmas en su día en contra de la construcción de un supermercado en la plaza de Tarragona. Paralizaron con su posicionamiento la construcción de un aparcamiento subterráneo, de plazas de aparcamiento en superficie, zona verde y un supermercado. La negativa era incuestionable, no había lugar a ninguna actuación. Todo se paró durante muchos años. Y, después de todo, vuelve a hablarse de prácticamente la misma solución para dar salida a esta polémica plaza. ¿Volverán los vecinos a la carga, o lo aceptarán? ¿Representarán todos los intereses del barrio o los de unos pocos?.

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