Peregrinos desconcertados

Cristina Pérez

La vía láctea, el camino de las estrellas en el cielo, los senderos que miles y miles de peregrinos llevan pisando desde hace siglos para llevar a cabo algo más que una promesa o un impulso religioso, es mucho más. Porque el caminante se sumerge en una ruta iniciática que le lleva a un encuentro con uno mismo. Ni más ni menos.

Y ese Camino que lleva mucho más que a Santiago, tiene una de sus entradas más transitadas a la geografía española ,en la denominada ?vía tolosana?. Esa vía recorre montañas, rodea pueblos, y está salpicada de iglesias, ermitas y piedras milenarias que fueron puestas ahí precisamente por algún motivo.

Si Yesa rompe aguas y se multiplica, habría que trasladar piedra a piedra, guijarro a guijarro, historia a historia todos estos hitos que acompañan a los peregrinos a su paso. Alguien dijo que el hombre inteligente no es el que más avanza en el progreso, sino el que mejor sabe conservar su historia. Mal lo estaremos haciendo, muy mal, si no somos capaces de llegar a un acuerdo a un punto común , desde el que el llano y la montaña logren establecer un diálogo donde no se pase por cambiar un paisaje, una historia y la memoria.

El llano y la montaña deben de tender puentes, no deben de levantar barreras porque tanto el agua, como el patrimonio histórico es bien de todos y nuestra responsabilidad es la de dejar a nuestros hijos un mundo digno.

Nadie puede cambiar la historia, pero todos tenemos la obligación de mejorar el futuro. Siempre y cuando en el presente no sucumban pueblos, piedras milenarias y la esperanzas ¿de unos pocos?. No crea, porque si los pocos que habitamos el Pirineo tenemos que marcharnos, no habrá nadie que mime, cuide y controle mejor estas montañas. En los despachos reinan fotos de picos y prados hermosísimos. Si están así es porque el montañés los habita.

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