Cartas al Director: De nuevo decimos no a la guerra

Coordinadora contra las guerras, de Huesca

La Coordinadora contra las Guerras, compuesta por diferentes colectivos sociales del Altoaragón, comenzó sus denuncias tras los atentados del 11 de septiembre con el lema ?Nos duelen todas las muertes?. Desde esta plataforma queremos manifestar nuestra intención de seguir luchando por un mundo en paz ante la amenaza de un nuevo conflicto armado a gran escala en Asia.

Desde las agencias de comunicación americanas quieren hacernos ver esta guerra necesaria para terminar con el paladín del terrorismo mundial: Sadam Hussein. Tras este nuevo atentado se esconden intereses económicos de control de las bolsas petrolíferas de Oriente Medio. Ese es el objetivo y no otro, en un país que lleva 12 años soportando el más férreo embargo económico, situando a su población en la más absoluta pobreza. En un país que pese al control de un tercio del mismo por los soldados americanos no se han promovido políticas democráticas en las zonas de exclusión. De producirse la guerra en Irak provocaría un sufrimiento inaguantable en una población destrozada por tantos años de restricciones internacionales y de represión interna.

Los gobiernos de las grandes potencias aplican un doble rasero (hipócrita y selectivo) guardando silencio respecto a los abusos cometidos en países aliados y denunciando los de otras naciones que les puedan interesar para explotar sus recursos o ampliar el área de mercado. Sirva de ejemplo el apoyo expreso de EE.UU a gobiernos con actitudes tan poco democráticos como el de Sharon en Israel, Fahd de Arabia o Pervez Musharraf en Pakistán.

Mientras tanto la OTAN y los países aliados se presentan como legitimadores de la intervención imperialista a escala mundial contra aquellos pueblos que se resistan a sus planes de poder en cualquier rincón del planeta y dificulten la entrada del único sistema imperante: el capitalista. ?El que no está con nosotros está contra nosotros? de Bush pretende pulverizar los tremendos esfuerzos por conseguir un derecho internacional basado en la justicia y en los derechos humanos.

Desde la resistencia ciudadana debemos gritar que Otro mundo es posible. Un mundo donde se respete la diversidad de los pueblos y los derechos humanos y sociales, donde el control económico no quede en manos de las oligarquías, donde las democracias sean verdaderamente participativas, donde la única religión posible no sea la del consumo. El pacto global debería ser contra la guerra y por la justicia, por eso no es hora de militares, sino de ciudadanos. La vida humana vale más que sus beneficios económicos.

Ahora más que nunca es preciso que la población de los llamados países OTAN, entre la que nos incluimos, digamos NO a un nuevo conflicto armado en Asia. NO EN NUESTRO NOMBRE.

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