Cartas al director: Jaca 2010

Javier Callizo Soneiro, Consejero de Cultura y Turismo del Gobierno de Aragón. Presidente de la Fundación Jaca 2010

Jaca habrá de esperar cuatro años más. Esa es la principal conclusión que cabe extraer de la decisión adoptada por el Comité Olímpico Internacional el pasado 28 de agosto. Al menos para la inmensa mayoría de la población, que sigue creyendo en el Pirineo aragonés y en sus posibilidades como territorio anfitrión de unos Juegos de invierno: los que todavía no ha tenido España.

Será en el 2014, o tal vez en el 2018, pero los Pirineos, una de las cordilleras alpinas más importantes del mundo, serán sin duda el escenario de unos Juegos Olímpicos. Como saben muy bien los alpinistas, para conquistar una cima es menester paciencia, perseverancia y una estrategia de ataque que pasa por montar varios campamentos previos. Jaca instaló un sólido campo-base con el proyecto del 98; un segundo campamento, con el del 2002, y ha hecho de éste último, de Jaca 2010, un muy digno campo III desde el que muy bien tratar de coronar en el próximo intento. Más larga fue desde luego la senda que hubo de ascender Barcelona, y hoy, a los diez años de aquel feliz acontecimiento, continuamos celebrando su recuerdo y disfrutando de su herencia en todos los órdenes.

Jaca 2010 basó su discurso en una doble estrategia que sigue siendo válida para el 2014: devolver los Juegos al corazón de la montaña lo que supone apostar por fórmulas sostenibles de desarrollo que ya demostraron sobradamente su viabilidad y su éxito en Lillehamer y, por otro lado, hacer del proyecto olímpico un acelerador de infraestructuras y equipamientos que, tanto con Juegos como sin éstos, necesita urgentemente el Pirineo aragonés para afrontar su desarrollo de los próximos años.

Un Pirineo que, gracias al incremento de la movilidad que el AVE va a suponer, se verá convertido prácticamente en espacio periurbano de las principales aglomeraciones metropolitanas españolas, ahí donde tiene su origen el grueso de los flujos turísticos españoles y esa situación hay que preverla, gestionarla con sentido de la anticipación, y no esconder la cabeza debajo del ala de la melancolía, del nihilismo paralizante o del regreso a una Arcadia feliz que no existe -y que con toda seguridad nunca existió- pero en nombre de la cual unos pocos pretenden cortarnos a todos las alas del futuro.

Para el 2014 habrá mejorado con toda seguridad el mapa de nuestras infraestructuras carreteras y ferroviarias, así como nuestro parque de alojamientos de las primeras categorías (con la conversión del Balneario de Panticosa en un importante resorte turístico, la rehabilitación de la Estación de Canfranc, la del Seminario de Jaca, etc.). Y para esa fecha el Comité Olímpico Internacional, que en la sesión de febrero en Salt Lake City apostaba por devolver los Juegos de invierno al territorio, a la esencia misma de la montaña, su escenografía natural -los de verano, por el contrario, han estado, están y estarán vinculados totalmente a una ciudad-, habrá tenido tiempo de trasladar a su baremo de selección esos buenos propósitos formulados por el Presidente Rogge pero que el 28 de agosto permanecían todavía en el plano de los conceptos.

Tampoco podemos olvidar lo que Jaca 2010 ha representando para el deporte español, y más concretamente para las disciplinas de invierno, tan necesitadas de actuaciones de urgencia como el desdoblamiento federativo o la puesta en marcha de un proyecto de formación de atletas de alta competición, tanto en nieve como en hielo. Gracias a Jaca 2010, el Centro de Alto Rendimiento impulsado por el Consejo Superior de Deportes, y al que el Gobierno de Aragón brindará todo su apoyo, están hoy más cerca de ser una realidad.

Pero por encima de todo, si algo ha logrado Jaca 2010 ha sido dar forma a una gran ilusión colectiva, vertebrando los esfuerzos de la sociedad aragonesa toda. Desde el Gobierno de Aragón, la Diputación Provincial de Huesca y el Ayuntamiento de Jaca, que patrocinan la Fundación Jaca 2010, a las entidades financieras que operan en Aragón, con Ibercaja y CAl a la cabeza. Desde numerosas empresas públicas y privadas hasta un voluntariado que considero el principal legado del proyecto: una cultura de la colaboración, la solidaridad y la entrega a los demás. En definitiva, una apuesta por la preeminencia de los valores sobre los precios, en consonancia con los principios que en su día inspiraron el nacimiento del Movimiento Olímpico.

No quiero terminar estas líneas sin expresar mi gratitud más sincera a cuantos nos han acompañado en esta aventura, y muy particularmente a nuestros colaboradores: un brillante equipo técnico en el que a las órdenes de Manolo Fonseca han trabajado duro y bien Luis Perales, Luis Millet, Katia Aznar, Ana Belén Jarne, José Luis Larraz, Begoña López, Nieves Morlán, Montse Coll, Patricia Viu y nuestros entrañables voluntarios Jose Mª Viñau, Félix Laín , Mariano, Macarena, David, Blanca y una larguísima lista que estoy seguro no hará sino crecer cuando inmediatamente comience a andar el nuevo proyecto olímpico para el 2014.

Para esa expedición, que en esta ocasión partirá del campo III, el Gobierno de Aragón acaba de dar el primer paso con su decisión del pasado 3 de septiembre. Con la ayuda de todos lograremos hacer cima. Seguro.

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