No pregunte dónde

Cristina Pérez

La provincia de Huesca debería de añadir a sus promociones la caza y captura de hongos. Porque, que yo sepa, por lo menos en cuatro localidades tenemos este fin de semana Jornadas Micológicas. Te enseñan a conocerlos, a cogerlos en condiciones sin arrasar la futura cosecha y a saber que además del de toda la vida, existen muchísimas especies más de las que podemos disfrutar en la cocina. Pero, no cabe duda de que más que en la cocina, hay un sector de población que disfruta en la recogida.

Salen al monte pertrechados de navaja, cesta (porque tiene que ser cesta de mimbre) bota de vino y buen calzado. A partir de aquí la aventura comienza por no decir a nadie, nunca, dónde está ese lugar mágico donde al parecer se encuentra el paraíso micológico. Siempre es el secreto mejor guardado. Después el rito continúa levantando con cuidado las hojas, al pie de los pinos, incluso en troncos arrancados por la tormenta o en los lugares más húmedos . El silencio del bosque acompaña las pisadas, las huellas de un jabalí marcan el sendero, la luz que tamizan los pinos, el aroma del musgo, la sensación de estar sólo en el mundo desaparece a la vuelta de la cima , cuando encuentras salpicando el paisaje verdaderas colonias de buscadores que miran tu cesta repleta y a los que, ni por un momento, se les ocurre preguntarte dónde has estado.

La búsqueda de hongos no hace amigos precisamente. No es una actividad social. Luego si. Porque siempre los expertos son generosos, reparten regalan e invitan. Y preparan el manjar de forma que tú jamás habías imaginado. Pero cuando hablas de ese lugar. Entonces callan. Me comprenderá si usted va a salir este fin de semana al monte. Volverá con las manos pintadas de naranja y el orgullo en la cesta tapada cuidadosamente con un trapo. Pero si usted es como yo , la última vez, el paraíso lo encontré por doce euros el kilo, en la tienda de la esquina.

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