Un poco menos listos

Cristina Pérez

La mano del hombre es larga, llega a cualquier rincón y atrapa lo que toca, para poseerlo. Pero cuando la mano del hombre llega , no acaricia, no mima, no cuida. La mano agarra, transforma, cambia y creyéndose un dios hace que todas las cosas estén elaboradas a su imagen y semejanza. Hasta el clima.

Lo ha dicho un experto como Manuel Toharia. Este científico ha explicado que el clima no es bueno ni es malo, todo depende de los intereses contrapuestos de quienes habitamos este mundo Es mas , asegura que la sola presencia del ser humano en la naturaleza es ya un impacto. Y si a esto le sumamos el progreso y su tecnología, una acaba preguntándose quién ha sido el insensato que nos hizo racionales.

Porque nos liamos a modificar el rumbo de los rios, a trasladarlos a otros lugares como si fueran cajitas de regalos, a ampliar embalses en el fondo de los valles agrediendo al monte y en nombre del progreso dejamos colgada en el aire una extraña capa de ozono que no presagia nada bueno.

Pero, por otro lado, el hombre si ha venido a parar a este planeta, tiene que adaptarlo a su forma de vida, aunque en ello, al final, le vaya la propia vida. Lo que ocurre es que hace tiempo que perdimos el equilibrio y caminamos por los extremos haciendo funambulismo al borde de lo imposible.

Cuando el hombre dejó su postura de cuatro patas y pasó a ser un bípedo y comenzó a mirar al resto por encima del hombro y comprendió que tenía un músculo más que ellos instalado en la cabeza, entonces ya empezó el deterioro.

A lo mejor la culpa de estas agresiones a la tierra no es solo nuestra. El hombre tiene que sobrevivir y la inteligencia crece a pasos agigantados creando nuevas necesidades. Quien nos dejó aquí plantados tenía que haber contado con que el cerebro humao iba a ser imparable. Y que al final no se iba a conformar con una cueva con vistas al rio. Menos listos y más conformistas. Así se tenia que haber quedado la cosa aquél sexto dia antes del séptimo de descanso.

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