Nos quedamos sin agua

Nuria Garcés

Veo las imágenes de Vadiello y se me cae el alma a los pies. Muy poco agua, la verdad. Y hay que pensar, además, que bajo lo que se ve, más que agua hay barro. O sea, que queda para muy poco. El ayuntamiento ya nos advierte de que, como no llueva, en pocos días comenzará a haber restricciones. Se ha comenzado por los usos agrícolas, por los riegos de jardines y, si el cielo no lo remedia, se seguirá por el abastecimiento de agua de boca. Esperemos que antes llueva. Para mañana se han anunciado tormentas, pero la gente del campo, la gente que sabe, dice constantemente que hace falta mucha agua. Más de la que puede caer en una tormenta.

Y digo esto, porque aunque no tenga nada que ver con el trasvase del Ebro, me duele escuchar de boca de unos señores de Murcia, a la sazón presidente y vicepresidente de su Diputación Provincial, que los aragoneses son, ya no sólo insolidarios, sino también ignorantes. Habría que saber quién es más.

Probablemente ya no haga falta que vayan a visitar los Monegros para saber qué es la sequía. Como esto no se arregle, con venir a Huesca capital tendrán suficiente. Y lo que está claro es que hablan de nosotros sin conocernos, sin saber qué pasa en esta tierra, qué grado de desarrollo (o no) tenemos, qué posibilidades... Yo, lo reconozco, no he estado nunca en Murcia, ni en el Levante español. Pero he visto, en imágenes repetidas por la televisión, extensos campos de cultivo, y de frutales, todo ello bien regado a manta. Y también he visto, cada vez que acudo a una agencia de viajes y me dan catálogos de playas, maravillosos hoteles, campos de golf, centros de ocio, y más hoteles cada vez, y más campos de golf y más, y más...

Lo suyo es tan descarado, que aquí nos hacemos perfectamente a la idea de en qué se utiliza el agua que piden y les prometen del Ebro. Y a mí, me gustaría que, si la necesitan se les dé el agua precisa. Pero lo que ya no me agradaría tanto es que aquí haya restricciones de agua, mientras algunos juegan al golf tan ricamente en la Manga del Mar Menor, o que el parque y los jardines de Huesca estén pasando sed, mientras los aspersores sueltan agua ?a mares? por aquellos vergeles turísticos. Vamos, que tanta crueldad y prepotencia, a veces, duele.

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