Mayores con futuro

Cristina Pérez

No sé yo qué harán los abuelos cuando se celebra el Día Internacional de los Mayores. Probablemente en los Centros Día habrá un recuerdo a esta jornada o se hará un repaso a lo de las pensiones, a la necesidad de concienciación por parte de los menos mayores, a la urgencia de ampliar la teleasistencia para que ningún abuelo esté demasiado solo, o se dará un toque de atención a esas residencias piratas que amargan los últimos días de vida de nuestros mayores. Tantas cosas.

Hay situaciones en la vida de un ser humano en las que el resto del mundo te trata como a un enfermo. Una de ellas es cuando una mujer está embarazada y otra cuando llega la jubilación y las canas . La vejez no es una enfermedad, es un estado de la vida, la madurez en su extremo o el final de un camino que, después de tanto andar, debería de ser cómodo, plagado de mimos y de oídos dispuestos a oír todas las batallitas que, no son otra cosa, que la historia de toda una vida.

Un abuelo soñaba con su niñez y soñaba con los campos que recorría de chaval, cruzaba los ríos, se subía a los árboles, acudía cada mañana a la escuela con un trozo de pan y dos o tres troncos de leña para caldear la escuela. Pescaba, perseguía a los perros, llevaba a su madre la ropa al lavadero y en otoño cargaba las cestas de moras, de nueces, de manzanas, de peras, de hongos y regresaba todas las tardes a casa con los manjares que le daba el bosque. El abuelo ha despertado hace unas horas y se ha encontrado solo en casa.. Hace tiempo que no hay leña en la estufa de la escuela y apenas recuerda el sabor de la mermelada de moras que hacía su madre o las nueces con miel que envueltas en papel de periódico llevaba de vez en cuando a la maestra.. No queda nada, sólo queda él.

Y el está viejo. Es de la tercera edad larga, porque ronda los ochenta y no tiene ganas de viajes, de bailes, ni de cursillos, solo quiere volver a dormir y soñar con su niñez.

No sabe que en otros tiempos, en otras culturas, la vejez se consideraba una categoría, los sabios , los curanderos, los mejores consejeros eran quienes peinaban más canas, porque llegar a ese extremo de la vida debería tener ese pago.

Pero esta sociedad corre demasiado, no escucha, no se para y no se mira a los ojos de los mayores.

Y total o mueres joven o llegas a viejo. Yo prefiero llegar a vieja pero no para soñar con mi niñez, sino para seguir pensando en mi futuro

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