La inmigración salva los colegios de Villacarli y Caldearenas

Ambos colegios rurales agrupados tenían los días contados. Al no existir alumnado suficiente, la Consejería de Educación y Ciencia hubiera procedido irremisiblemente a su cierre. En el último momento los Ayuntamiento de Caldearenas y el de Torre la Ribera, al que pertenece Villacarli, buscaron familias con niños en edad escolar que estuvieran dispuestas a trasladarse a vivir a la zona.

En el caso de Villacarli una familia monoparental ha aportado cuatro nuevos alumnos a la escuela, por lo que asegura su supervivencia en los próximos años. No obstante la realidad demográfica de esta parte de la provincia de Huesca es muy complicada, señalaba el alcalde de Torre la Ribera, José Franch. Sirva de ejemplo que de más de 100 personas censadas en su municipio solo dos familias mantienen una actividad económica productiva, el resto son jubilados.

Algo mejor es la situación de Caldearenas, ya que la cercanía de una cabecera de comarca como Sabiñánigo le beneficia. No obstante esta población se había quedado este año con tan solo tres alumnos, lo que suponía el cierre definitivo de un servicio esencial como la escuela. El alcalde de la localidad, Rafael Castán, hizo un llamamiento a través de los medios de comunicación para encontrar familias que, a cambio de vivienda y trabajo, enviaran a sus hijos al colegio. Pronto llegó la primera familia con dos nuevos alumnos, pero hay una segunda, proveniente de Chile, que ya ha mostrado interés por trasladarse a esta localidad.

Lo cierto es que en el Servicio Provincial de Educación se destacaba que este año, por primera vez en los últimos doce, el Altoaragón no cerrará un colegio, gracias a iniciativas como la de Villacarli y Caldearenas. Sin embargo el fantasma de la despoblación sigue amenazando el futuro de otros muchas escuelas rurales de la provincia de Huesca.

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