La fauna del velador

Margarita Gabarre

El verano y el calor hacen que las terrazas aparezcan como setas en todas las calles y plazas de cualquier ciudad. Y Huesca no es menos. Aquí, lo de terraza, no se dice tanto, nosotros tenemos veladores. Veladores que son el escaparate del verano, de la misma manera que lo es el cosear en invierno. Veladores donde uno puede sentarse con los amigos o la familia a tomar un vermú, un cafelito o una horchata, mientras espera ansioso a que corra una brizna de aire. Veladores en los que más de uno y de una va a lucir tipo y vestuario o a criticar o cotillear sobre el del vecino de mesa.

En los veladores están todos. Están, los clásicos, que acuden todos los días y se sientan en un sitio fijo a una determinada hora. Los intelectuales, que van con su periódico o con su libro y aparentan estar concentrados en su lectura, como si el resto de lo que pasa a su alrededor no fuera con ellos. También están los que van de incógnito, de esos que se colocan las gafas de sol y controlan perfectamente lo que hace o dice el resto del personal que pasa o está sentado. Hay mirones sin complejos, de los que cuando pasa la chica o el chico de buen ver, el cuello les hace un giro completo de 90 grados. Están los turistas con su mapa abierto y siempre pidiendo cosas raras. Por no olvidarnos de los controladores del tráfico, que saludan a todos los coches y conductores que pasan frente al velador... y muchos más. En fin, toda una fauna esto de los veladores.

La verdad es que son un sitio ideal para pasar un rato agradable, quedar con los amigos o pasear incluso cuando uno va sólo ya que existen grandes posibilidades de terminar sentado en compañía. Lo malo es que a veces el punto de encuentro termina saliendo un poco caro cuando por un mosto y un calamar de nada te cobran 6 euros, propina aparte.

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