La luz y el color vuelve a la Sacristía de San Lorenzo

Después de un año de trabajos y una inversión de 193.000 euros, 32 millones de pesetas, la Sacristía de San Lorenzo ha recuperado todo su esplendor de antaño. Fue en agosto de 2001 cuando los técnicos de la empresa CSP entraron por primera vez en este recinto, desde el punto de vista artístico, el más importante del conjunto de la Basílica, y este jueves ha quedado abierta al público y visitantes. Este jueves se realizarán visitas guiadas de 17:30 horas hasta las 19:00.

Eran numerosos los elementos deteriorados de la sacristía, aunque la labor de los restauradores ha tenido como objetivo el que su trabajo haya afectado lo menos posible al conjunto.

No obstante a la hora de entrar en el recinto llama la atención el color recobrado de los lienzos. Ha habido que eliminar las numerosas capas de barniz que escondían la verdadera dimensión de los mismos, explicaba el responsable de la restauración, Francisco Javier Roldán.

Los trabajos se han centrado también en la mejora del solado y la restauración de los azulejos de las paredes y pinturas murales de la bóveda. Así mismo se ha trabajado en la carpintería y el mobiliario dónde se guardan las reliquias y cálices de la Parroquia.

También se ha cuidado de forma especial la iluminación de la sala, la cual ha sido encargada a un gabinete especializado.

Con estos trabajos, siempre que se observen las labores de mantenimiento, la sacristía quedará en perfecto estado para los próximos 200 ó 300 años, aseguran los restauradores.

La restauración de la Sacristía de San Lorenzo ha sido posible gracias a la financiación de la Fundación Caja Madrid que ha aportado el 100% del presupuesto de la intervención.

La Sacristía de San Lorenzo, situada detrás del altar mayor de la Basílica, constituye una interesante muestra del arte aragonés del siglo XVII por la riqueza y carácter unitario de la decoración mural, óleos sobre lienzo y mobiliario que la conforman. Fundada por el Conde de Torresecas, su planta rectangular se cubre con una bóveda de lunetos dividida en tres tramos. A lo largo de sus cuatro lados se disponen los cuadros pintados entorno al 1633 por el valenciano Antonio Bisquet.

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