Ya soy mayorrr !!

Cristina Pérez

Ser mayor. Esa es la aspiración de los más jóvenes, antes de comprobar en sus propias carnes en qué consiste eso de ser mayor. Cuando los niños son muy niños, están esperando a ser mayores para poder tocar la independencia y algunos mayores desean ser todavía más mayores para alcanzar la jubilación y vivir en unas eternas vacaciones. Ser mayor es como alcanzar un título nobiliario. O debería serlo. Porque si se llega a esta condición es después de haber pasado una larga lista de exámenes, de pruebas y de grados que tienen como resultado llegar a mayor sin llegar a viejo.

Hay mayores sin reparos que tienen una agenda repleta de actos. Una exposición, un viaje, un cursillo, una conferencia, una puesta en común, mayores que disfrutan a pleno pulmón de su tercera edad ganada con el sudor de su alma y que, incluso, llegan a dar envidia a quienes, algo más jóvenes, les miran como si se estuvieran comiendo toda la tarta y no les fueran a guardar a ellos.

Luego están esos otros mayores, con reparos, con dolores, con la soledad y dejados a su suerte. Solos en casa, solos en una residencia, sujetándose como pueden al hilo que les une con sus recuerdos y luchando contra el borrador de la memoria que aniquila la vida a su paso. Mayores que pasan el tiempo mirándose las manos, dándoles vueltas en un intento de que funcione la magia. La magia del pasado y que vuelva lo mejor de su vida.

Ser mayores es fácil en estos tiempos. Ser viejos es terrible en estos tiempos. La vida es tan injusta que a los más sabios los encierra en una jaula con olor a sopa y jardines intocables, mientras los demás somos incapaces de acudir a abrirles la puerta y aprender. Aprender de los viejos.

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