El perejil oscense

Nuria Garcés

Tal vez crean ustedes que los rigores del verano (que no son tantos todavía) me están licuando el cerebro, pero yo estos días he encontrado una similitud entre el islote Perejil, y un lugar muy querido para todos los oscenses, que también nos asaltaron hace algo más de un año. Me refiero a la ermita de Jara.

Dirán ustedes que no soy nada seria, teniendo en cuenta que nos estamos jugando las relaciones diplomáticas con Marruecos y que hemos desplegado a los tres ejércitos para recuperar el islote. Pero, qué quieren que les diga, esto traducido al ámbito totalmente local me suena.

Quién se acordaba o sabía de la existencia del islote Perejil. Muy pocos, por no decir nadie. Quién se acordaba, de normal, de la ermita de Jara (a excepción de los que estuvieron trabajando por su rehabilitación), pues muy pocos oscenses también, la verdad.

De pronto, un día, los marroquíes van y nos ocupan el peñón. Lo mismo ocurrió con Jara. Sin comerlo ni beberlo, una tarde nos encontramos con todo el perímetro vallado y sin poder acceder a la ermita. Vaya, que sólo faltaba poner una bandera en el campanario con el logotipo de la inmobiliaria en cuestión.

Y una vez hecho el asalto, llega el momento de definir la propiedad. ¿No les suena a conocido aquello de que no se sabe en realidad de quién es el Perejil, si de ellos o nuestro?, ¿que quién lo usó el último?, ¿que está en aguas marroquíes y más cerca de allí que de aquí?. Pues lo mismo ocurrió con Jara, si recuerdan. Al final, no se sabía si era de la ciudad, del ayuntamiento, de la Cofradía, del Obispado o de quienes compraron esos terrenos, de Masari. Tras muchos dimes y diretes, la Justicia acabó otorgando la posesión del templo a la Cofradía. De la propiedad aún se tendrá que hablar. Pues nada, que si quiere la nueva ministra de Asuntos Exteriores, Ana de Palacio, igual le pasamos desde Huesca unas notas sobre cómo actuar en estos casos. Que no nos son ajenos y algo sabemos de esto...

Comentarios