Mediano asediado

Luis Laiglesia

Este fin de semana los vecinos de Mediano han tenido que volver a soportar la acampada ilegal de cientos de personas que tomaban al asalto las orillas del pantano.

No es la primera vez que esto ocurre en este municipio altoaragonés. En el mes de mayo la población tuvo que soportar durante más de una semana la presencia de miles personas, su música, sus desperdicios y sus intimidaciones.

Dos aspectos a analizar en esta cuestión: el primero la labor de las fuerzas de seguridad del estado ante un colectivo que esta incumpliendo de manera flagrante la normativa de acampada de la comunidad autónoma; el segundo, la proliferación de acontecimientos denominados culturales que promocionan este tipo de actividades, festivales que venden en el mismo paquete música, sustancias prohibidas, diversión y acampada salvaje.

Si un colectivo no observa las mínimas reglas de convivencia, no se sujeta a la normativa cívica más elemental es el estado el que debe dar respuesta a esta situación con medidas correctoras drásticas, lo que no ha ocurrido en el caso que nos ocupa. Si los hechos que han tenido lugar este fin de semana en Mediano hubieran afectado a una importante capital, el despliegue policial hubiera sido de primer orden. Lo que viene a poner de manifiesto que en este país siguen existiendo ciudadanos de primera y de segunda en función de su lugar de residencia.

Y volviendo a la cuestión de los festivales en los últimos años estamos asistiendo a la proliferación de determinadas concentraciones en las que se ofrece música y acampada libre durante varios días. Nada tienen que ver estos eventos con los festivales de la provincia de Huesca en los que hay una apuesta clara por la calidad, el respeto al medio ambiente y la promoción integral de la zona.

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