Universidad de Huesca: Diez años de cambios

Luis Laiglesia

Hace ahora 10 años un grupo de oscenses con gran ilusión comenzaban a reivindicar la puesta en marcha de una ingeniería medioambiental. Ese grupo de oscenses se dirigían a la administración central para conseguir esa carrera para Huesca y un edificio que la acogiera. Diez años después el Presidente de la Comunidad Autónoma ha cortado la cinta, o más bien ha descubierto la placa que recuerda la inauguración de la obra.

En estos diez años han tenido lugar grandes cambios, el primero hace referencia a la carrera en sí, que se ha transformado en un segundo Ciclo de Agrónomos. Pero además la administración con responsabilidades educativas no es la misma, Madrid transfirió hace tiempo esa competencia al Pignatelli, desde dónde se financian este tipo de obras.

También el rector es distinto, Pétriz muestra un mayor conocimiento que su antecesor por las reivindicaciones oscenses.

Huesca está inmersa en la puesta en valor de su proyecto universitario, que debe ser uno de los puntales más importante de la ciudad. Hay que reconocer el interés que las autoridades, tanto académicas como políticas, están mostrando en este aspecto. Se está siendo muy ambicioso, y no es esta la primera vez que la reivindicación oscense es atendida. En su conjunto lo universitario va bien, pero algo lento para lo que necesita la sociedad; lento pero bien. Y no me refiero solo a la cuestión de las obras, porque los no iniciados en cuestiones universitarias podemos caer en el error de considerar que la inauguración de una serie de edificios y obras significa que estamos ante un impulso del campus. Puede ser, pero con matices. Tan importante es ese aspecto como el conseguir que las carreras que oferte la ciudad sean de calidad, con el profesorado suficiente y los medios necesarios. Y además que los centros, como ha dicho el Director de la Politécnica, sean algo más que una expendeduría de títulos. José Manuel Muniozguren ha pedido más investigación e inversión. Lo ha hecho ante el Presidente de la Comunidad y las primeras autoridades académicas, en un discurso que le honra alejado de la benevolencia y el recurso fácil. Ha pedido investigación y ha llamado la atención sobre el gran problema al que se enfrenta la universidad de Zaragoza: la falta de demanda en determinadas carreras, una cuestión que pone en entredicho la continuidad de las mismas. Un debate que, unos y otros, políticos y docentes, deberán acometer lo antes posible. La salida no es fácil, incluso no es seguro que haya salida airosa, pero habrá que buscar sino lo mejor, sí lo menos malo para el futuro de la Universidad de Zaragoza.

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