Luz y taquígrafos

Cristina Pérez

Hace poco me contaban el chiste aquél del naúfrago que se encuentra con Claudia Schiffer en una isla desierta y le pide, al cabo de los dias, que se vista de hombre para poder contarle a alguien que está viviendo con la top-model.

Y después de la risa, claro, llegaba esa reflexión tonta o la moraleja que siempre lleva el chiste. En este caso de la necesidad que tenemos siempre de poner ?luz y taquígrafos? a nuestras acciones. O a algunas.

Para eso, ahora, están los ordenadores, los notarios, las grabadoras, los videos, las cámaras ocultas , las cámaras de fotos...y el cine. Porque la gran pantalla es, sin duda, quien deja constancia de la vida de generaciones y generaciones pasadas e, incluso, de las futuras con la ficción. Como ahora está sucediendo en Huesca y como cada minuto sucede en cualquier sala cinematográfica y como en la noche del jueves sucedia en Zaragoza en el Palafox, estrenando la pelicula de Giménez Rico ?Primer y Ultimo Amor? rodada en el pirineo oscense con Jaca como protagonista.

El hombre , por lo visto, siempre ha necesitado escenificarse a si mismo. Colgamos fotos por las paredes de casa, las llevamos en la cartera, grabamos a los hijos en video porque queremos que además del corazón haya algún otro soporte que nos recuerde que no estamos solos. ¿Será esta la cuestión?. No estar solos. A veces si mira a su alrededor en una sala de cine, comprobará la cantidad de personas solas que acuden a contemplar desde la butaca un pedazo de la vida, que no es la suya y que, a lo mejor se le parece un poco.

Y cuando hacemos algo que creemos puede ser notable buscamos luz y taquígrafos, alguien que deje constancia de ese segundo de genialidad.

A estas horas el naúfrago de la isla se habrá dado cuenta que lo de la Shiffer fue un sueño, porque Claudia se casó, así que se ha quedado sin historia que contar. No se preocupe, el cine le regala otra.

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