Yo me voy

Cristina Pérez

¿Y usted?. Yo me voy, pero no sé a dónde. Porque ¿en qué lugar recóndito de este mundo no llegará el fútbol?. Puedo encerrarme en mi casa, autocondenarme al ostracismo, pero los gritos de mi vecino jaleando el gol me lo impiden. Podria cogerme un año de excedencia y escapar a la alta montaña , a un pueblo donde ni siquiera se dibuje una antena a diez kilómetros (algo muy fácil) pero no me da el bolsillo para este lujo. También podria- por poder- hacer un curso acelerado de yoga y evadirme de la realidad, pero como la realidad además del fútbol es otras cosas no conviene. Empieza el mundial. Y yo no se cómo escapar.

Puede opinar usted que yo soy un bicho raro, pensará que cómo puedo pensar en escapar cuando una selección española se está batiendo el cobre en las tierras coreanas, incluso pensará que no seré capaz de no ver los partidos de estos muchachos. Pues si. Confieso publicamente que no me gusta el fútbol. Y confieso que me siento sola, extraterrestre y a estas alturas del comentario es posible que usted ya no siga leyendo. ¡¡Lo siento!!. Pero lo he intentado. Me he sentado, he analizado jugadas, me he tragado los dibujitos en la pizarra de los entrenadores, me he bebido todas las declaraciones, diferencio un penalty de un corner. Vamos que lo he probado, y no me gusta. A ver: como deporte me parece fenomenal, como motivación social una barbaridad.

El mundo es redondo como un balón , los planetas son redondos, el sol es redondo, las monedas, hasta cuando sale algo bien sale ?redondo?. Imagino que lo del balón formará parte de esta complejidad esférica y que algún influjo llevará al mundo a hacer un movimiento de traslación alrededor del fútbol.

Pero lo entiendo. Pero no lo comprendo. Asi que , por favor, si usted forma parte de las tres personas que están en mi situación, dígame a dónde se va usted. Porque yo, yo me voy.

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