¿Por qué vemos tanta televisión?

El medio de comunicación por excelencia, la televisión, ha logrado, en cincuenta años, llegar a prácticamente todas las esferas de la sociedad y convertirse, en muchos casos, en el único canal informativo.

La capacidad de influir en el telespectador que ha desarrollado gracias, en gran medida, a la potencialidad comunicativa de las imágenes, ha convertido a la pequeña pantalla en musa de la persuasión.

Según los datos publicados por la Asociación de Telespectadores y Radioyentes de Aragón, ATRA, la influencia de la televisión se traduce en estadísticas tan escandalosas como que los españoles vemos la ?caja tonta? diaramente, una media de más de tres horas, lo que supone la mitad de nuestro tiempo de ocio o que los escolares pasan más tiempo al año delante del televisor que en clase.

Precisamente son los niños los más influenciables debido a que la televisión ejerce de nodriza electrónica y de educadora. Y en el mundo educativo son muy conscientes de ello.

Pero los niños no son los únicos influenciables, ya que los adultos también caen en las redes de la locura audiovisual. Según Boza, las propias características de la pequeña pantalla le convierten en un medio peligroso ya que nos trasmite una visión distorisionada de la realidad.

A pesar de que la asociación protege tanto a telespectadores como a radioyentes, su trabajo se centra en el medio audiovisual ya que arrastra a mayor número de usuarios y es más peligroso.

Pero, la pregunta es, ¿por qué vemos tanta televisión? Es sencillo. La pequeña pantalla nos trae a nuestra propia casa, con sólo apretar un botón, un torrente de imágenes que nos permite evadirnos de la vida rutinaria. Este modo de empleo tan simple y rápido alimenta uno de los grandes mitos de la sociedad: que consumimos tanta televisión porque es gratruita. Pero realmente no es así. A pesar de que no tenemos que introducir una moneda para que esos personajes llegan a nuestros hogares, estamos pagando con algo más valioso que el dinero: nuestro tiempo.

La televisión vive de la publicidad y ésta nos pasa la factura creando necesidades que de no ser por ella no tendríamos y convirtiéndonos en consumidores pseudocompulsivos.

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