El himno oficial y el popular

Margarita Gabarre

Ya ha pasado San Jorge, fiesta del patrón de Aragón, y las instituciones y los políticos no han parado ni un minuto estos días entre recepciones, actos institucionales y demás parafernalia. En casi todos esos actos, el protocolo exige escuchar el himno oficial aragonés. Digo lo de oficial porque ya hace trece años que se publicó la Ley del Himno de Aragón, pero la realidad es bien distinta porque, a día de hoy, a la mayor parte de los aragoneses, que no suelen asistir a esos actos de protocolo, ese himno les suena a chino.

?Nos ha llevado el tiempo al confín de los sueños? dice el primer verso del himno oficial. ¿Será que los sueños tienen confín? Y no sigo porque el análisis que se podría hacer de cada uno de los versos no tiene desperdicio, se lo aseguro. No es por poner en duda la calidad literaria de los cuatro autores de la letra, pero es que para aprenderse el himno hace falta dedicar varias horas o días a memorizarlo.

No es por nada, pero digo yo, ya que los aragoneses no somos un ?pueblo cantor? por excelencia, ¿no habría sido mejor escoger alguna canción más alegre y popular? Porque para cantar ese himno nuestro hay que tener por lo menos la voz de la Caballé o de Plácido Domingo. Por más interés que uno le ponga lo más lógico es desafinar o que se nos vaya algún tono.

Un himno para que sea himno lo tiene que cantar el pueblo. Uno escucha ese himno oficial y se queda tan ancho. En cambio, cuando se oye ?Quien quiera llevarse el agua... ?, ?Habrá un día en que todos...? o ?Soy de Aragón, la tierra noble? es más fácil que a uno se le encoja el corazón o se le pongan los pelos de punta. Por algo será.

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