El mundo está mayor

Cristina Pérez

El mundo está mayor. Y solo falta que hace poco un cientfico vino a decir que la tierra es un accidente congelado de la evolución galáctica. Sólo faltaba eso, para que nos sintiéramos como embalsamados, aguardando a que venga el principe y con un beso en la boca despertemos. Pero, hasta entonces, la población mundial envejece demasiado deprisa. Y preocupa tanto como para que empiece en Madrid la asamblea Mundial sobre el envejecimiento.

Cuanto más desarrollado está un pais menos niños nacen y más longevidad tienen sus habitantes. Y en datos ya adelantan que, de aquí a unos cincuenta años, el veinte por ciento de los habitantes del planeta tendrá más de sesenta años y ya serán mayoria frente a los menores de quince años. Si se quiere mejorar estos datos, la solución es que los niños que nacen ahora, tendrán que tener familias numerosas para mejorar esos datos.

Pero claro.

Mientras el mundo desarrollado envejece, el otro mundo o el mismo pero maltratado, dramáticamente, ve cómo sus hijos se mueren amarrados al pecho de su madre o derrotados por la sed, las enfermedades y la falta de asistencia médica. No hay nada que nos desvele que en el futuro las cosas cambien mucho. El mundo desarrollado será más viejo y más rico y desarrollado y el otro será más pobre.

Pero ¿por qué envejece el mundo desarrollado?. Es una reflexión que hacemos desde la comodidad, desde el lujo pero también desde las prisas, desde la falta de tiempo, desde esa lucha contra el reloj que hace que las parejas se lo piensen dos veces antes de formar una familia. Porque la vida nos va pidiendo paso, nos da codazos y nadie quiere arrastrar a sus posibles hijos a esta cuesta desmadrada donde no hay frenos que nos obliguen a parar.

El futuro envejecimiento de la población está en nuestras manos. Si no aprendemos a echar el freno y bajar el ritmo, si no aprendemos a querer menos cosas, si no aprendemos, dentro de unos años no tendrán sentido los parques infantiles y las ciudades se extinguirán para dar paso a ese silencio mortal de las calles por las que no se oyen los gritos infantiles igual de dramático que esas otras calles en las que sólo se oye el primer llanto y el último de un niño al nacer y nada más nacer, morir. El mundo estará mayor, pero cada vez más sordo. Será la edad.

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