A vueltas con el agua

Nuria Garcés

El alcalde de Sallent de Gállego, José Luis Sánchez, es, desde ayer, probablemente, la oveja negra de su partido. Y es que firmó, junto a una veintena de alcaldes del Partido Popular un acuerdo para impulsar mejoras hidráulicas en el Pirineo. José Luis Sánchez es del PSOE. Lo que ha hecho, según él, ha sido priorizar el interés de su pueblo, atravesado por presas, pantanos, pueblos medio sumergidos o aprovechamientos hidroeléctricos hasta decir basta, a los intereses de su partido. Y lo ha dicho bien claro: "No se puede politizar la vida local por el debate del agua".

Cuando a un pueblo no han llegado compensaciones por todas las obras hidráulicas en decenas de años, no parece que sea muy oportuno dejarlas pasar cuando estas se ofrecen, y aunque sean por 200 millones de pesetas, que darán para bien poco. Eso es lo que ha hecho el alcalde de Sallent.

Pero nos encontramos inmersos en una espiral tan complicada, como consecuencia del Plan Hidrológico Nacional y su temido trasvase, que somos capaces de ponernos orejeras y no dejar ver nada más. Bien es cierto que las formas no han sido las mejores, que se podría haber hilado un poquito más fino. El Ministerio de Medio Ambiente afirma que este convenio contribuirá a solucionar la problemática específica de los pueblos de montaña. Valdría la pena preguntarse si todos los pueblos de montaña son del PP, que evidentemente no. Ahora se abren dos meses más para que se sumen al acuerdo ese resto de ayuntamientos que no quisieron entrar en la primera remesa. Pero claro, después de lo que han dicho unos y otros, bueno será que, primero, se sienten a hablar y que antepongan el diálogo y los intereses de los habitantes de pequeños pueblos, ya vapuleados de por sí por sus propias circunstancias, a los de los grandes partidos que, pendientes de su ombligo, no prestan siquiera atención a la vida que hay tras cada puerta de las pocas casas que aún quedan en los pueblos esta tierra.

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