Las tropas españolas son las mejor aceptadas por la población Afgana

Los soldados altoaragoneses continúan sin novedad con su misión en Afganistán. El grupo de ingenieros se afana en terminar un puente que servirá de comunicación entre dos regiones, en recuperar una comisaría y una escuela.

Sin novedad en el frente, se podría decir, a pesar de que los enfrentamientos entre tropas estadounidenses y miembros de Al Qaeda continúan en las montañas. Eso no se deja notar en la capital, Kabul, dónde están las tropas españolas.

Tampoco el terremoto que tuvo lugar a 150 kilómetros de Kabul ha significado una ruptura en el día a día de los soldados españoles.

Estos se levantan a las 7 de la mañana, para una hora más tarde estar en la zona de trabajo. Allí comerán comida de campaña ya las 5 o las 6 de la tarde de vuelta al destacamento, dónde les espera una cena caliente. Luego poco más; Kabul es una ciudad que ofrece pocas ofertas de ocio. La televisión y la radio locales han comenzado a funcionar hace muy pocas fechas, nos dice el Comandante José Antonio Jarne. Lo más duro es la falta de la familia, afirma, pero la labor que está desempeñando en este país le hace sentir que el esfuerzo ha merecido la pena. No cambiaría esto por nada, asegura.

La capital de este devastado país empieza a recobrar el pulso. En los dos meses que el Brigada Alfredo Pradilla lleva en la zona ya se dejan notar algunos cambios, aunque todavía hay mucho por hacer. Los burcas comienzan a desaparecer del paisaje habitual de la ciudad pero hablamos de un país musulmán, todavía muy conservador.

Los afganos ya saben diferenciar entre las tropas españolas y el resto del contingente internacional. La población, musulmana en su totalidad, observa el precepto de hospitalidad que dicta la ley coránica yeso facilita la relación.

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