Vacaciones de primavera

Nuria Garcés

Hoy en Huesca oigo a quien dice que tres o cuatro días más de fiesta no le hubieran venido mal. Y eso que quien lo dice libró desde el Jueves Santo hasta ayer. O sea, cuatro días de ?dolce farniente?. Quien habla debió de irse a esquiar, o a visitar algún pueblo de Huesca, o se subió a Ordesa, o se fue a la playa (se la ve morena, la verdad, aunque dicen que en el Mediterráneo no ha hecho muy bueno estos días, no voy a decir que se chinchen...), o vivió la Semana Santa en algún lugar de Castilla o de la provincia de Teruel, disfrutando de procesiones, de toques de tambor y de corneta, de cofradías, de pasos procesionales a cual más bonito y antiguo...

Pero ya ni eso nos vale. Queremos más. Los cuatro días festivos que nos brinda la Semana Santa, con eso de que Jueves Santo cae siempre en jueves y Viernes Santo en viernes (ya perdonarán la obviedad pero es que hay que explicarlo clarito) no nos valen. Pedimos más. Pedimos, al menos, una semanita u ocho días para podernos hacer realmente el viaje de nuestros sueños, ahora que no nos achicharra el calor de agosto, o aunque sólo sea para descansar, para olvidarnos del jefe, de los colegas del trabajo y del follón diario que llevamos. Queremos más, y lo decimos sin pensar en que quien nos escucha tal vez haya tenido que trabajar el jueves, o el viernes, o quién sabe, los dos días. Sin pensar en que hay una clase de trabajadores privilegiados, que son los que pueden hacer turismo, salir, disfrutar de sus familias, esquiar o ir a la playa, y hay otros que no pueden hacerlo, sencillamente porque sus trabajos no cierran cuando el resto sí lo hace.

Quien he oído esta mañana decir que tres o cuatro días más no le hubieran venido mal, ha tenido la ?mala suerte? de tener que volver a trabajar hoy lunes. Lo digo así de claro porque nosotros, los periodistas, que llamamos a mucha gente, que buscamos a muchos contactos, que pateamos la calle, que estamos mucho tiempo colgados del teléfono, podemos dar fe de que hoy, encontrar a alguien en su trabajo era casi imposible. Sin embargo, en las calles de Huesca había mucha vida, la verdad.

Yo creo que esto que les estoy contando es sana envidia. Lo digo yo antes de que me lo digan ustedes. Y más, si son de los que están tan ricamente de vacaciones, pongamos que tres o cuatro días más.

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