Cartas al Director: Los atletas

Javier Palacio

Estuvo bien el homenaje que el domingo la televisión dedicó a los atletas españoles que acaban de competir en el Europeo de Viena: solemne música y épica sobre fondo de vencedores en el podio y ascensos de la bandera. Los atletas se merecen eso y más. Es la primera vez que nuestros deportistas se aúpan de tal modo en el medallero. Una cosa así ha venido como agua de mayo para lavar los sinsabores de Salt Lake City.

El lamentable caso de Johann ex Juanito Muehlegg. Aún estamos preguntándonos todos por qué lo hizo. Se insiste en el gratuito error: un tipo que lo tiene todo para ser campeón, con un poderío físico extraordinario, fuerza la mano y se complica la vida para conseguir más medallas. «La avaricia rompe el saco». En este caso el refrán es fiel reflejo de la realidad. Y las tortillas de refinada química, de paso, han puesto bajo sospecha los mecanismos de control de nuestro deporte.

Por fortuna, lo de Viena ha sido otra cosa. Episodios como la carrera de Marta Domínguez, por ejemplo, van a quedar entre las mejores imágenes deportivas de los últimos años. También nos hemos dado cuenta, viendo los caprichos de los realizadores austriacos, de qué poco pintamos en este concierto, o si usted lo prefiere, de qué excesivamente localistas son a veces los responsables televisivos de ciertos países.

Otra imagen que quedará para el recuerdo es la del récord mundial pulverizado por el nadador paraolímpico Torres. También éste se merece homenajes con fanfarrias y banderas, porque su hazaña es un himno asombroso a la capacidad de superación del ser humano.

Si después de todo esto, sigue habiendo alguien que sólo sepa hablar de fútbol, es porque se trata de un caso perdido.

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