¿ Quién lo soltó ?

Cristina Pérez

No me sirve la gravedad ni en lo que sabios científicos vienen insistiendo desde hace siglos: que los planetas se sostienen porque sí. La tierra, este globo terráqueo entre azul verde y miseria, mucha miseria, no puede estar suspendida en el espacio por la atracción sobre sí mismo y los demás o porque su permanente movimiento le mantenga en forma. Que no.

Y en el caso de que fuera así, me lo imagino como esos globos de gas de las ferias que siempre acaban perdidos en un punto del cielo acompañados de los llantos infantiles que ven volar un sueño de tres euros. Mi teoría es la siguiente:

Alguien, un día, se paseaba por estas galaxias con una cuerda y al final de ella un gran globo de vida. Nos llevaba de la mano, hasta que una oscura noche, con las estrellas sin ganas de recibir ni un ápice de calor del sol, se le escapó la cuerda. Nos dejó vagar solos hasta que encontramos un lugar cerca del sol con otros tantos planetas alrededor. Nos buscamos de amiga a la luna y decidimos seguir solos. Teníamos toda la libertad. Nada nos sujetaba. Éramos dueños de nuestras propias vueltas de traslación y rotación.

Y en honor a aquél globo, ahora alguien se inventa lo de la globalización, como para hacer ver que somos un conjunto único e indivisible y que qué bonita cosa esta de inventar palabras.

Pero como resulta que esta globalización debe de empezar a tener un pinchazo por algún poro de su piel, pues que no convence a todos. Y esos todos saltan a la calle y protestan y es fácil que estén ahora mismo en Barcelona dando gritos, afónicos de reivindicar. Si se encuentra a otro grupo mirando insistentemente al cielo, no pregunte. Ya le anticipo que esos formarán parte de los que llevan años buscando en el cielo la cuerda y la mano que nos perdió algún fatídico día.

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