No pintamos nada.

Ha salido adelante en el Parlamento Europeo la enmienda de la Comisión de Medio Ambiente que aconseja a la Comisión Europea no conceder un solo euro al Trasvase y sí a las obras de regulación hidráulica. Han triunfado las tesis aragonesas.

Ahora, la cuestión hay que analizarla en sus justos términos. Lo que ha ocurrido con la enmienda de la Eurodiputada María Sornosa, primero aceptada en su integridad y luego rechazada en parte por el PSOE, viene a poner de manifiesto quién manda en el seno socialista y el peso específico de Aragón en la Ejecutiva Federal. Al final José Bono ha estornudado y el PSOE aragonés se ha enfriado en bloque. Marcelino Iglesias ha quedado desautorizado y, por si fuera poco, se ha puesto de manifiesto las diferencias de criterio internas de los socialistas cada vez que se habla de agua.

Luego está la cuestión de los liberales, quienes se oponen al trasvase y a su financiación, no por una cuestión medioambiental, de hecho pertenecen todos ellos a partidos de derecha y centro derecha europea. Lo que los liberales no apoyan de verdad es la inversión que debería hacer la Unión Europea en una obra faraónica como esta; demasiados euros para España, dice alguno de los liberales. En ningún momento este grupo habla de la necesidad de preservar determinados espacios naturales, eso no les preocupa en absoluto.

Finalmente hay que esperar a la decisión de la Comisión Europea, que es el órgano que el próximo mes de marzo dirá en Barcelona si o no a la financiación económica del trasvase. Si finalmente la respuesta es no, queda por comprobar si el Gobierno decide seguir adelante con las obras del Pacto del Agua.

En definitiva, por una carambola política, se pueden acabar atendiendo nuestros intereses, pero no porque hayamos sabido imponer nuestro criterio entre las formaciones políticas y muchos menos porque hayamos convencido con argumentos aragoneses al Parlamento Europeo.

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