Uno más entre un millón

Margarita Gabarre

En estos días no para de hablarse de los estudiantes y su reválida, del bajo nivel de estudios y de conocimientos del alumnado en general, y del aumento del fracaso escolar. Entonces es cuando me da por analizar la situación de los que ya pasamos, tampoco hace tanto, por las aulas de los institutos y colegios. Y veo a mi amigo Daniel, él siempre con tan buenas notas, el primero de la clase, que estudió una ?buena carrera? y que ahora cuando está a punto de cumplir los treinta se ve con un trabajo mal pagado que odia y sigue en casa de sus padres. Me pregunto la cara que se le pondrá a Dani cuando vea que Juanjo, el ?bandarra? ese que estudiaba FP, al que todos los profesores le auguraban un futuro nefasto, tiene ahora un negocio propio, un trabajo que le encanta, un buen sueldo, un coche de soñar y para colmo se acaba de comprar su propia casa y se casa el verano que viene.

Y es que es para desesperarse, el pobre Dani, tan buen estudiante; con sus interminables comentarios de texto, sus perfectas traducciones de latín, el único de la clase al que lo del logaritmo neperiano no le sonaba a chino... Pienso en él y no me extraña el fracaso escolar de los adolescentes de hoy en día que han visto que las buenas notas muchas veces no conducen a nada. Ellos han asistido al ?fracaso del éxito escolar? de hermanos, primos, o vecinos que como Dani estudiaron y estudiaron y que ahora todo ese esfuerzo se traduce en ser uno más entre un millón, un currículum más en la papelera o quizá otros, con más ?suerte?, acartonándose y amarilleando en algún archivo de recursos humanos. Sinceramente creo que a Dani ahora también se le quitarían las ganas de estudiar.

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